Covid-19 y la reconversión económica

Por Jorge Iván Domínguez

Los seres humanos somos animales de hábitos, la mayor parte de las cosas que pensamos, sentimos y hacemos, son producto de patrones incrustados en nuestro cerebro, los cuales viven en un ciclo interminable, conformando nuestro sistema de creencias. Esto lo sabe muy bien el mercado, el que ha desarrollado técnicas a lo largo del tiempo para incentivar, modificar o potenciar estas costumbres en pos del consumo de sus productos o servicios.

En un estudio reciente, la University College de Londres, afirma que para convertir una nueva actividad en algo automático, sin recurrir a la fuerza de voluntad, necesitamos 66 días, por lo que, resultado de la crisis actual, y del distanciamiento social en que estamos inmersos, es evidente que nuestros hábitos -incluidos  los de consumo- han cambiado.

Pero el cambio, es algo a lo que naturalmente nos resistimos. Nuestro cerebro, que consume más del 20% de toda la energía corporal disponible, crea patrones que nos ayudan a estar en “piloto automático” para usar más energía a la hora de afrontar los desafíos diarios que no están planeados y que necesitan más enfoque y atención de nosotros. Sin embargo, la mayor parte del tiempo estamos sumidos en estas actividades inconscientes, lo que también puede limitar nuestra personalidad, nuestra capacidad de generar nuevas experiencias y nuestra resiliencia.

Peter Drucker, considerado uno de los mayores  teóricos de la administración moderna, asegura que en tiempos donde el cambio es la única constante, las innovaciones que tienen éxito, no son las que procuran un cambio, sino las que explotan los cambios que ya se han producido. En consecuencia, estamos siendo testigos de cómo las circunstancias actuales están favoreciendo a ciertas industrias y desfavoreciendo a otras.

Así es, no todo han sido malas noticias, hay quienes se han beneficiado de este pandémico contexto, como la industria médica, la farmacéutica, la alimentaria, la de productos y servicios sanitarios, la de transporte de última milla, las empresas de comercio electrónico, las de desarrollo tecnológico, las de telecomunicaciones e inteligencia artificial, entre muchas otras, que han visto la oportunidad en medio de toda esta crisis, explotando el cambio que se ha producido.

Por otro lado, los sectores más golpeados por esta crisis sanitaria son el sector automotriz y por consecuencia el petróleo, la industria manufacturera, el turismo, el comercio al por menor, el transporte y las remesas, que a pesar de que estas últimas no son consideradas una industria, constituyen junto al turismo y al petróleo, las tres patas que sostienen la desequilibrada economía mexicana, que obviamente se encuentra en serios aprietos.

Asimismo, las dinámicas organizacionales en las empresas también han sufrido cambios, ahora muchos negocios saben que es posible tener a gran parte de su planta laboral desde casa y así eficientar gastos referentes a recursos administrativos, operativos, de alimentación y de transporte.  Lo que también repercute positivamente en el trabajador añadiendo más vida personal a sus actividades diarias.

Es muy conocida la frase de Albert Einstein en donde afirma que las grandes mentes y las grandes oportunidades surgen de las crisis, por lo que se antojan no solo necesarias, sino indispensables dentro de una sociedad, para así, generar cambios y nuevos hábitos que nos permitan evolucionar a una realidad menos rapaz y más enfocada al equilibrio y a la sustentabilidad.

Los gobiernos debieran aprender a ver su lugar en esta crisis y entender que la salud es un tema de seguridad nacional y que se requiere invertir en un sistema de salud y seguridad social dignos. De la misma manera, las empresas, sobre todo las latinoamericanas, deben procesar internamente fenómenos como la virtualización económica, la sustentabilidad y el desarrollo tecnológico, condiciones a las que no sólo hay que adaptarse, sino enfocarse de manera decisiva para poder ser competitivos y convertir lo inesperado en una ventaja.

Dentro de la neurociencia, también hay dos áreas de conocimiento llamadas: neuroplasticidad y neurogénesis, ambas, comprueban la capacidad que tenemos los seres humanos -de cualquier edad- de modificar nuestros esquemas neuronales y crear nuevas experiencias y aprendizajes. Somos nosotros la semilla para que muchas cosas que necesitan cambiar, cambien ahora, una de ellas el mercado, el cual se adapta e intenta orientar nuestras formas de consumo; orientémoslo nosotros hacia uno más responsable e inteligente.

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