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‘Culpa fiscal a un inocente’

Cancún

Por Heiby Morales› Quequi

“Yo demuestro que mi esposo es inocente y toda la gente que sale en el video puede atestiguarlo. Este video que tomaron las cámaras de nuestro local ya está formando parte de los elementos para defenderlo. Yo le digo al señor fiscal que está juzgando injustamente a una persona, porque él no tiene ninguna prueba con la que pueda sustentar realmente que mi esposo es culpable. ¡No la hay! No puede agarrar una declaración de una persona equis y con eso fundamentar un caso y señalar a una persona, que es inocente”, dijo Dalia, la esposa de Alfredo “N”, presunto culpable según el fiscal Miguel Ángel Pech del asesinato del camarógrafo Javier Rodríguez Valladares y otra persona más.

En entrevista para “Qué Pasa en Quintana Roo” con Gonzalo Hermosillo por QFM 104.3, la mujer, muy afectada y molesta por la detención de su marido, explicó que su esposo es policía municipal de Benito Juárez, el cual está comisionado al cuidado de una persona en un horario de 24 horas, pues al estar a disposición de la persona que tiene a su cargo para resguardar, en cuanto lo solicite se tiene que mover para realizar su trabajo sin importar la hora del día.

Recuerda que su esposo, por ser escolta comisionado y dependiente de la Policía Municipal, cuenta con permiso de portación de armas de fuego. “Y en conjunto como negocio familiar tenemos un restaurancito (Mr. Bean) en la calle Palenque, a unos locales de la calle Caleta, en la Sm 29, donde se suscitaron los hechos, donde mataron al periodista Javier”.

En la transmisión del informativo la mujer narró en vivo que debido a que se le descompuso la tarja en donde se lavan los trastes de su restaurante, solicitaron el servicio de un plomero, con quien su marido salió para hacer las compras del material que necesitaban para la reparación. Al estar en el lugar, esperando a que el plomero termine para que ya se puedan retirar, en el video se puede observar a Alfredo y a Dalia parados en el mostrador, cuando de momento los repartidores que se encuentran en la parte de afuera los alertan de las detonaciones.

Adelanta que todo esto está grabado en un video de seguridad. Así que no se trata de especulaciones o suposiciones, sino de hechos concretos. De ahí que aunque exprese su miedo y angustia, y sufra con su marido que también está emocionalmente destrozado en la cárcel, tiene confianza en demostrar plenamente la inocencia de su marido. Así ocurrieron las cosas:

“Cuando escuchamos los disparos de arma de fuego, los repartidores se metieron rápido al local y mi esposo y yo nos asomamos solo sacando la cabeza. Yo logré escuchar entre 10 y 12 disparos aproximadamente. Pensé que era un tiroteo que se daba sobre la avenida; nunca me imaginé que el problema era atrás de mi local. Mi esposo me dijo: no salgas, no te expongas, tú quédate aquí. Yo le decía que tampoco saliera, pero él se regresa, se mete al mostrador, agarra su arma (es policía municipal asignado como escolta a un funcionario municipal), porque no la tenía con él, la tenía asentada en la parte de abajo del mostrador, toma su teléfono y marca al 911 para pedir ayuda, pero, nadie le contestó. Entonces le marca a sus compañeros de Seguridad Pública para solicitar refuerzos”, describió.

HABLÓ A SUS COMPAÑEROS

Dalia siguió contando que al solicitar el apoyo de elementos de Seguridad Pública Municipal, quienes le piden que cheque cómo está el asunto en lo que el refuerzo llega. Al terminar las llamadas, Alfredo, con arma en mano, se asoma y se percatan de que cerca del lugar de los hechos sale un auto gris polarizado, quemando llanta, lo que les hace suponer que en ese vehículo iba el o los presuntos culpables del doble homicidio.

Cuando su esposo llega a la esquina, ubicada a pocos metros, ahí se pierde la toma de la cámara que tienen. En ese momento otros vecinos le dicen que había dos tipos ejecutados, y de eso también hay testigos, de acuerdo a Dalia. Pese a los hechos, en ningún momento soltó el teléfono, pues mantenía una comunicación con sus compañeros policías a quienes minutos antes les había solicitado refuerzos. Alfredo se acercó al de camisa roja con pantalón de mezclilla (Javier Rodríguez Valladares) y halló a dos mujeres llorando junto al cuerpo tirado del camarógrafo. Las mujeres, que al parecer se habían cubierto de los balazos escondiéndose en los coches cercanos, al ser cuestionadas por Alfredo respecto a que si conocían a los baleados, de inmediato lo negaron y salieron corriendo del lugar.

Al llegar la patrulla, se baja un policía, con quien su esposo mantuvo una conversación vía telefónica. Los policías rodearon con cinta el lugar. Junto a ellos llegó un periodista con el teléfono en la mano y al parecer realizando una transmisión en vivo. Minutos más tarde se retiran a su casa. Al siguiente día se apareció en su local un ministerial que seguía la investigación. Le dijo a su marido que fuera lo más escueto posible, que a ella le daba miedo todo el tema de violencia y ejecuciones que se vive en la ciudad. Se identificó como policía municipal que era y habló con él. Se comprometió a dar copia de los videos. Al siguiente día llegaron otros dos para continuar las indagatorias. Lo común entre ellos era que mantenían una actitud prepotente. Para el sábado aparecieron otros tres supuestamente a comer, aunque ya lo estaban tanteando para detenerlo.

Ese día, cumplió 12 años el hijo de Alfredo. Así que al cerrar se lo llevaría con un amigo a loa go karts. Todo fueron risas y anécdotas felices hasta que llegaron a la calle Chac Mool con la López Portillo, ahí se le cerraron dos vehículos, bajaron hombres armados que lo detuvieron con lujo de violencia ante el grito impotente de los niños. En el camino, su hijo se comunica con la señora Dalia por medio de un celular de un agente ministerial. En esa llamada, el menor le dijo que fuera a buscarlos al Ministerio Público. Entre gritos y llantos, la mujer se fue de inmediato a la estación policiaca para resguardar a los menores. Después a su esposo lo llevaron preso a la cárcel de Cancún, escoltado por más de 20 patrullas, como si de un sicario se tratara.

Alfredo sufre todo tipo de presión sicológica y ha recibido todo tipo de amenazas. Cuando vio a su mujer lloró amargamente. El domingo pasado, en la primera audiencia de imputación de la acusación, ella pudo escuchar los testimonios. Comentó que lo que mencionan los policías se apega a los hechos y reconocen que fueron llamados por Alfredo pidiéndoles ayuda. Pero no todo es miel sobre hojuelas. Los tres ministerios públicos dieron tres versiones distintas de la Fiscalía. Todas giran en torno al que consideran su principal testigo, que es el reportero.

SE PeRCATAN DE EJECUCIONES

El primero asegura que cuando el comunicador pasaba por la avenida Palenque se percató del atentado y fiel a su vocación periodística se metió en la calle Caleta y vio a un hombre con camisa blanca y pantalón caqui (Alfredo) con un arma en la mano y una placa de policía colgada en el cuello.  El segundo refiere que el reportero circulaba por la avenida Chichén, a unas cuadras del atentado, va al lugar y observa que Alfredo activa el arma y dispara contra alguien que está tirado en el piso. En la tercera, el comunicador vio que Alfredo disparó y que dos mujeres le suplicaban que ya no lo le siguiera disparando. Incluso se menciona que Alfredo trató de esconder su arma entregándola envuelta en un pañuelo blanco a dos sujetos que escaparon a toda velocidad y que después llegó la Policía.

Sin embargo, añade Dalia, la realidad es que el comunicador llegó después de los homicidios en la patrulla que llamó su esposo para que acudieran al lugar de los hechos.

Aclaró que su esposo no realizó ningún disparo, las pruebas químicas de radiozonato de sodio lo han constatado, además de que las pruebas de balística indican que los calibres de las balas y los casquillos recolectados en la escena del crimen, son muy distintas a las del arma que utiliza Alfredo.

Hasta el momento, mantienen aislado a su esposo y no la dejan entrar a verlo, solo lo vio unos minutos el día del juicio. “Tengo una paranoia tremenda, y por ello he solicitado apoyo a los amigos policías de mi esposo para que estén pendientes de mí. La detención de mi esposo es un error del fiscal, ellos están para hacer justicia, no para involucrar a gentes inocente”. Por ello es muy importante que los testigos, amigos y familiares de Alfredo estén presentes el próximo día seis a las tres de la tarde donde se realizará el juicio de desahogo y sentencia. Ahí se define todo. Por eso es muy importante.

“Si tuviera de frente al fiscal le diría: estás juzgando injustamente a una persona inocente porque no sabes hacer tu trabajo. Por la presión que tienes encima estás embarrando a más gente que en realidad no tiene nada que ver en el asunto. Al gobernador le pido que detenga esta injusticia que daña la imagen de Cancún”.

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