Depredador misógino en Tres Ríos

CANCÚN

Por Redacción > Quequi

José Gabriel Sheiman de la Parra es parte del Grupo Sunset y es gerente de ventas del hotel Tres Ríos. Es conocido por su agresividad hacia sus compañeros de trabajo, siempre con una actitud frustrada que lo impulsa a humillar a todos, pero su prepotencia tiene un complemento más desagradable¸ su extrema misoginia.

Varios compañeros hombres le han retado a golpes o se han peleado con él a gritos; en el caso de las ofensas a las mujeres la situación se torna dramática.

La mayoría toma una actitud pasiva, porque no quiere denunciarlo por temor a perder su empleo, así que se toma la libertad de abusar de su posición para acosarlas sexualmente, gritarles públicamente o difamarlas con todo tipo de comentarios machistas, hasta el extremo de señalarlas de prostitutas.

Esas prácticas que sobreviven en los lugares de baja calaña, son inaceptables en lugares de tanta importancia y jerarquía internacional como este importante hotel, cuyo dueño es Orlando Arroyo.

Son circunstancias decimonónicas que, gracias a los colectivos de mujeres y grupos de diversidad sexual, se han erradicado o por lo menos mantenido a raya por la repulsión que provocan en la sociedad y por la acción de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la misma Fiscalía estatal.

Pero José Gabriel, dentro de sus traumas, olvida que esta época es de equidad de género y respeto hacia la mujer, que son otros tiempos. Que estas prácticas no sólo son inaceptables, sino son legalmente sancionadas.

Y precisamente son varias las mujeres que se están organizando para realizar una demanda colectiva que ponga en la cárcel o por lo menos con algún tipo de castigo contra estos personajes que por su conveniencia y aires caciquiles, se niegan a vivir en la modernidad.

Lo que también es inconcebible, es que en repetidas ocasiones, lleva más de 22 años trabajando para el Grupo Sunset, ha hecho comentarios misóginos, agresivos, machistas y prepotentes, no solamente frente a sus compañeras y compañeros de trabajo, sino ante supervisores, como la que lleva por nombre Mayra, o ante la misma supervisora, que se supone que está ahí para proteger los derechos de sus subordinadas, y nadie ha hecho comentarios ni reportes a sus superiores.

Ningún mensaje le han enviado para denunciar estos espinosos asuntos a Patricio Mouldony o a Vanessa Moo, ni tampoco a la directora corporativa de Derechos Humanos, Ximena Somorostro, que quizás éstas dos últimas, por ser mujeres, podrían velar por los derechos y realizar las sanciones de acuerdo a lo que a su criterio y a la normatividad han provocado.

Y esto lleva hechos más amplios a nivel social, porque hay políticas de común acuerdo con la Asociación de Hoteles o como miembros de la Asociación de Clubes Vacacionales de Cancún (Acluvac), incluso las que tienen que ver con la ética del segmento turístico, como la Asociación de Complejos Vacacionales y Turístico, A. C. (Aclotur).

Los acosos laborales son rechazados por la sociedad y por los sindicatos y este caso de la sala de ventas del hotel Tres Ríos, solamente ejemplifica el largo camino que tiene que recorrer el movimiento feminista para lograr se respeten los derechos elementales de las mujeres, romper con los ataques de los heterofascistas, para que la humanidad pueda aspirar a vivir en convivencia, que se termine la misoginia y se logre un paso, aunque sea pequeño, en los derechos laborales. Que nadie solape estos delitos.

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