Don Cafeto Por Germán Gallegos Cruz

¿Enemigos del estado?

 

Por Germán Gallegos Cruz

 

Atento recado a los soldados de México.

A Huerta, asesino del presidente Madero, aún lo odiamos…

Como si faltaran referencias históricas del fracaso del militarismo en nuestra América Latina. Vean en qué lío están metiendo a las fuerzas armadas de nuestro país los sapientes gobernantes civiles. Desde aquella desafortunada orden del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de México, Felipe Calderón Hinojosa, de mandar a los militares a combatir al narcotráfico en aquel tristemente célebre “michoacanazo”, las Fuerzas Armadas de nuestra patria iniciaron su debacle y su desprestigio. Qué satisfactorio era saber que los soldados de México estaban para defender la soberanía nacional, auxiliar a la población civil en los desastres naturales. A casi 50 años de la estigmatización por el caso de los estudiantes asesinados en la Plaza de las Tres Culturas, en aquel fatídico 1968, ¿quieren ordenarles el siguiente genocidio? No, no es correcto que por la incapacidad de los gobernadores, presidentes municipales y demás autoridades civiles que lloran de miedo por no encontrar solución adecuada a la violencia desatada por los criminales, busquen afanosamente un marco jurídico para mandar a las Fuerzas Armadas a hacer labores policiacas. Ustedes se imaginan en ¿qué estado de ánimo estaría Felipe Calderón Hinojosa cuando se le ocurrió que las Fuerzas Armadas de México fueran a perseguir criminales? Conozco el comportamiento de los borrachos, puesto que fui un alcohólico empedernido. Y aquel “comandantito” Calderón Hinojosa, por supuesto que no estaba en sus cabales cuando por ocurrencia sacó de sus cuarteles a los soldados para convertirlos en simples policías. Cómo quisiera que el secretario de la Defensa Nacional, general Cienfuegos, pudiera detectar la trampa que le están tendiendo a las Fuerzas Armadas. Ya van más de 10 años en esta lucha estéril, sin resultados satisfactorios. Como con sólo un marco legal (permiso para matar, allanar, perseguir, espiar, torturar y aprehender sin orden judicial) pueda lograrse el milagro de acabar con la delincuencia. La urgente causa de aprobar la ley de marras, son las próximas elecciones presidenciales. Señor general Cienfuegos -insisto- el poder civil está tendiendo una trampa a la institución castrense. Ellos quieren conservar el poder a como dé lugar y no tendrán compasión en ordenar que los soldados mexicanos vayan contra sus propios hermanos. Por eso se habla de la temporalidad de dicha ley (sólo para el proceso postelectoral). Ellos, los que han entregado el patrimonio de los mexicanos a los amigos y empresas extranjeras, los que de un plumazo borraron la gesta histórica de la expropiación petrolera del general Lázaro Cárdenas y los mexicanos de aquel tiempo, quieren seguir haciendo grandes negocios a costa del patrimonio de la nación. General Cienfuegos, usted es un soldado de la patria, actúe en consecuencia. Échele un ojo a los regímenes militares de nuestra América Latina del siglo pasado. Todos se han convertido al civilismo, después de juicios militares y penales contra los comandantes que abusaron del poder. Botones de muestra son los generales: Anastasio Somoza, Trujillo, Stroessner, René Fotunato Galtieri, Raúl Videla y Augusto Pinochet, etc. Usted sabe, general Cienfuegos, que el juicio de la historia es el más implacable. En estos tiempos de la comunicación instantánea nada quedara impune. Sabe perfectamente que el pueblo de México está cada día más informado y estas circunstancias les invita al reclamo contra las injusticias. Supongamos que aprueben la innecesaria Ley de Seguridad Interna. ¿Cuándo y con qué criterio actuarán ustedes contra quienes crean, son enemigos del estado? Sobra decir que al presidente Enrique Peña Nieto le urge la aprobación de dicha ley. Los motivos no son la seguridad de la ciudadanía. Los motivos son reprimir la protesta callejera por el anunciado fraude electoral que viene ¿Por qué hasta en el último tramo de gobierno del presidente Peña Nieto se les ocurre votar esta ley, por asuntos de seguridad? Hay fundadas sospechas que los motivos son otros. Dos sexenios de guerra contra el crimen organizado sin que hayan disminuido los asesinatos, los feminicidios, los secuestros, las extorsiones, las desapariciones forzosas, las fosas clandestinas, etc. ¿Por qué hasta ahora encontraron el “remedio” para combatir el apocalíptico flagelo de la violencia? Todo mundo sabe que esta ley tiene clara dedicatoria. Va, contra los que protesten por abusos de poder, contra quienes reclamen respeto a sus derechos fundamentales. Qué peligroso se ve el panorama electoral venidero. Cancelar la voluntad del pueblo, para elegir democráticamente a sus gobernantes, prenderá la chispa de una confrontación letal. ¿Para qué entonces tanto despilfarro en la quimérica democracia a la mexicana? No hace falta que se tiren a la basura cantidades ingentes de dinero en un “reality show” de presunta democracia. Hay demasiados pobres en México para gastar tanto dinero en instituciones electorales que tienen un jefe a quien obedecer. Con estas reflexiones dedicadas a las Fuerzas Armadas y al secretario de la Defensa Nacional, me pregunto si ya estaré clasificado como enemigo del estado mexicano. Hay incertidumbre en mi corazón. ¿Quiénes después de la aprobación de esta ley, serán señalados como entes peligrosos para la seguridad nacional? Espero que el secretario de la Defensa haga un examen de conciencia y decida si es conveniente seguir obedeciendo órdenes del comandante en jefe, por una supuesta institucionalidad, o escuchar la voz angustiada de México que solo reclama justicia verdadera.

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