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EL BESTIARIO

EL BESTIARIO Santiago J. Santamaría

Santiago J. Santamaría

 

Robert Capa no llevaba una camiseta de Life

 

El asesinato de Javier Valladares “nada tenía que ver con su labor periodística, pero además no estaba uniformado ni tampoco se encontraba en el horario habitual de trabajo”, recalca la Fiscalía de Miguel Ángel Pech…

 

 

 

Enrique Peña Nieto nunca fue a visitar a los familiares de los 43 desaparecidos en el 2014, ‘Cuando se suscita el evento de Ayotzinapa’. La existencia de un mensaje así confirma la distancia del Gobierno con las víctimas. En un país con decenas de miles de desaparecidos, de asesinados, el presidente se despide de sus familias negando toda comprensión, tirándoles de las orejas por no aceptar las conclusiones de la investigación de la Fiscalía. “El evento de Ayotzinapa”, dice de la cacería de medio centenar de jóvenes. Como si hubiera empezado a llover, como si hubiera llegado de la nada. Peña habla desde su despacho en el video. Al fondo se aprecian los contornos de una mesa, varias sillas, una bandera de México -el águila, la serpiente-, una estantería de puertas de cristal repleta de libros. El piso brilla como una hilera de dientes dorados. No hay escenario más ajeno al dolor de las víctimas que el que ha elegido para hablarles, su propio despacho, el silencio de su despacho, libre del dolor de las familias, ajeno a la herida del hijo ausente.

La ONU conmemora cada 30 de agosto a las víctimas de desapariciones forzadas. Los conflictos, las migraciones o los desastres naturales son las principales causas de este fenómeno que cada año sume a miles de familias en una búsqueda interminable. Varios reportajes periodísticos recuerdan uno de estos casos, el de los hijos de la señora Zenaida: En el pueblo de Iguala, en el Estado mexicano de Guerrero, a tres horas de la capital, detrás del mercado de abastos, en el barrio de la Insurgente, tras un portón negro, junto a un almendro y dos árboles de papaya, en dos cuartos deslucidos con goteras en el techo, allí, vive el dolor…. Esta tarde el dolor tiene tos, malestar en los pulmones, mide algo más de metro y medio, es mujer, separada y tiene 52 años. Se llama Zenaida Candía Espinobarros y llora cada dos por tres porque le faltan dos hijos y, dice, no puede hacer nada, nadie le hace caso. Se suena la nariz con el cuello de la blusa y exclama: “¡Que le quiten al Gobierno a un hijo, a ver qué siente!”, como si el Gobierno mexicano, comandado por Enrique Peña Nieto, del PRI, fuera una persona, una persona que pierde dos hijos como ella: uno en 2012, cuando salió una tarde de la casa y ya no volvió y otro el mes pasado, cuando un sicario le disparó desde una moto en la puerta de la casa de su novia.

En España todavía hay quienes buscan a sus padres, abuelos o tíos entre los 114.000 desaparecidos en la Guerra Civil (1936-39) y los años de dictadura franquista (hasta 1976). “Los familiares de las víctimas de desapariciones forzadas en esta oscura etapa de nuestro país siguen siendo ignorados por el Estado español”, subrayan en una carta dirigida al presidente socialista Pedro Sánchez, del PSOE, quien gobierno el país ibérico tras la moción de censura que sacó el poder al conservador Mariano Rajoy, del Partido Popular. Los gobiernos democráticos han puesto trabas al mandato de la ONU de cumplir con el derecho internacional en este sentido. Así lo cree también Amnistía Internacional, que en un informe, publicado hace apenas unos días, sostiene: “En España se sigue privando del derecho a la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas. Las autoridades españolas siguen sin prestar asistencia adecuada al poder judicial argentino, que ejerce la jurisdicción universal para investigar estos crímenes de derecho internacional. En los últimos dos años, al menos cinco mecanismos de Naciones Unidas han constatado y expresado que España ni investiga ni deja investigar y le han instado a cumplir con sus obligaciones”…

En México, los periodistas sortean las balas, la presión de los grupos criminales, incluso del propio Estado y también el miedo de ser desaparecidos. En el día internacional de las víctimas de desapariciones forzadas, instaurado por la ONU, la organización ha recordado que 24 comunicadores han desaparecido en los últimos 15 años. Los periodistas de los que no se tiene rastro, algunos desde 2003, trabajaban en su mayoría en diarios locales, ubicados en zonas rojas copadas por el crimen organizado como Tamaulipas, Guerrero y Michoacán. El último caso del que se tiene constancia es el de Agustín Silva, un periodista de 22 años de El Sol del Istmo, desaparecido el 22 de enero de este año en Oaxaca. La Fiscalía aseguró que su desaparición no estaba relacionada con “el ejercicio de la función periodística”. México ha sido considerado como uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo al mismo nivel que Siria, según un informe de Reporteros Sin Fronteras (RSF). “El nuevo gobierno mexicano debe redoblar sus esfuerzos para que las investigaciones sean más eficientes”, ha comentado Emmanuel Colombié, director de la oficina de RSF en América Latina, en referencia a la futura Administración de Andrés Manuel López Obrador. De acuerdo con la ONG, México es uno de los países con menor libertad de prensa de acuerdo al número de agresiones que reciben sus informadores.

Mi rechazo al asesinato del camarógrafo del Canal 10, Javier Valladares, y mi solidaridad con sus familiares y amigos. La hoguera prendió la noche más oscura de México, un 26 de septiembre del 2014. Cuatro años después, Andrés Manuel López Obrador, se reunirá ese día con los padres de los 43 normalistas “desaparecidos” en Ayotzinapa. Millones de ciudadanos protagonizaron su con su voto democrático una nueva Revolución en este histórico Primero de Julio. Los periodistas mexicanos, a pesar de desarrollar su labor en un entorno hostil donde peligra su propia vida, se niegan a reportar ‘silencios’ que quieren seguir imponiendo, quienes no entiende la labor de los profesionales de la comunicación en un sistema democrático… Sobran “doctores” Hannibal Lecter. Este es un célebre personaje de ficción perturbador inventado por el novelista estadounidense Thomas Harris, que se da a conocer en la novela ‘El Dragón Rojo’. Continúan sus vivencias en “The Silence of the Lambs”, para culminar en “Hannibal” de Netflix.

 

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