EL BESTIARIO Los ‘guionistas’ de Narcos México

Los ‘guionistas’ de Narcos México

“El Rey” Zambada y los abogados de “El Chapo” Guzmán revelan en el juicio contra el capo de Sinaloa cómo se pagó a militares, policías y agentes de Interpol para traficar cocaína…

 

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

 

Después de tres temporadas, “Narcos”, producida por Netflix, cuyos protagonistas son presentados como psicópatas amables, se aleja de Colombia y se centra en México. La nueva temporada, protagonizada por Diego Luna y Michael Peña, que se centrará en los orígenes de la actual lucha contra el narcotráfico en nuestro país y se estrenó ayer viernes.

“Por lo que se ve en el tráiler oficial, parece que a la nueva temporada no le va a faltar acción”, publicita Netflix su nuevo producto. No le viene nada las últimas declaraciones de los abogados de “El Chapo” y el testigo acusador, quienes parecen haberse reconvertido en guionistas de la serie, por si les baja la “chamba” y el negocio multimillonario de su mota y caballo, referencias lúdicas de Nueva York. El juez del caso lo tenía muy claro. Sabía que la serie “Narcos” de Netflix iba a distorsionar las sesiones iniciales y es por eso que pidió a las partes que se abstuvieran de marear la vista con nuevas “historias” no probatorias para hacernos creer a los mortales que “El Chapo” es un “pobre agricultor”. Todo parece indicar que su defendido está pagando total o parcialmente en especies los honorarios, que van a “fumarse”, “esnifarse” o “inyectarse” varias hectáreas de las siembras “alegres” de Sinaloa.

Jesús Zambada García, alias “El Rey”, se está explayando en el juicio por narcotráfico contra Joaquín Guzmán Loera. El primer cooperante estrella en la causa contra el capo del Cartel de Sinaloa, se centró este jueves en detallar la estructura montada para sobornar a las autoridades federales, estatales y municipales mexicanas. “Hice pagos en nombre de “El Chapo”, afirmó quien es hermano menor de Ismael “El Mayo” Zambada, otro de los líderes históricos del imperio criminal sinaloense. Zambada ha explicado al jurado que Guzmán era su “compa”, por la amistad entre ambos. Y al igual que hizo el miércoles durante la primera parte del interrogatorio, reiteró que Guzmán era “socio” de “El Mayo”. Ismael operaba en Ciudad de México, donde dijo contaba con 40 empleados hasta ser detenido junto a otros 14 narcotraficantes por las autoridades mexicanas en octubre de 2008. En la capital mexicana supervisaba los almacenes que recibían la droga proveniente de Colombia y que, tras ser clasificada, era transportada a Estados Unidos.

Las bodegas, explicó, recibían cargamentos de Guzmán y “El Mayo” en envíos de hasta siete toneladas. “Llegan entre cuatro y cinco al año”, precisó. “Eso les generó miles de millones en beneficios”. Además, controlaba el aeropuerto en Ciudad de México y se encargaba de la “seguridad gubernamental”, para proteger los movimientos de la droga. Entre sus obligaciones estaba la de corromper altos mandos en nombre de los líderes del cartel. “Eran personas de confianza”, dijo. “Amigos que haces durante los años y que te introducen a nuevos funcionarios para que trabajen con nosotros”. Zambada citó en concreto el pago que realizó a un mando militar a quien identificó como el “general Toledano”, que estaba a cargo del estado de Guerrero, una región del Pacífico mexicano en el que se siembra marihuana y amapola. Era una plaza en la que Zambada García deseaba operar, para así poder facilitar las importaciones de cocaína desde Colombia. “Hable de ello con Guzmán y este me dijo que el general Toledano era su amigo”, comentó durante su testimonio.

“Me dijo que fuera a verle, que le saludara, y le diera un millón de dólares en efectivo como regalo y le dijera que iba a trabajar en su estado”, detalló. A partir de allí amplió el abanico de la trama de sobornos para explicar que pagó también a un comandante de la oficina del procurador general de la República, al que llamaban “Yanqui”. También corrompió a oficiales de la Policía Federal de Caminos, de la Policía Judicial del Distrito Federal e incluso Policía de la Interpol. Zambada dijo que solo en Ciudad de México pagaba unos 300 mil dólares mensuales en sobornos a oficiales. “Yo era el que les daba el dinero negro en nombre de los líderes”, afirmó. Esas coimas, dijo, eran esenciales para que se pudiera dar seguridad a la plaza que controlaban “porque las autoridades trabajan solo para un cartel”. Lo combinaban, además, con los sicarios, los grupos armados de la organización criminal, que se encargaban de eliminar cualquier amenaza.

Los sobornos, según, permitían también desviar o paralizar cualquier investigación en marcha por las autoridades de asesinatos a rivales. “Se entraba en contacto con el mando para entender la línea de investigación y se le pedía directamente al comandante que actuara”, señaló Zambada el jueves. “El dinero en efectivo servía para hacerla descarrilar”. Los sicarios respondían a las órdenes tanto de “El Chapo” como de “El Mayo”, aunque eran ellos quienes decidían “a quién eliminar”. Jesús Zambada contó que Joaquín Guzmán estuvo al frente de guerras sangrientas entre grupos rivales. “El Chapo”, explicó, controlaba junto a “El Mayo” la zona conocida como el Triángulo de Dorado, una zona formada por territorios en tres estados: Sinaloa, Durango y Chihuahua. Allí se produce goma de opio para la heroína y marihuana. “Oro es dinero”, comentó Zambada García ante el jurado. “Estas drogas generan mucho dinero”. Pero el poder de los dos capos abarcaba todo el país, a través de los sublíderes que la organización tiene en cada uno de los 32 estados del país.

Guzmán, que se enfrenta a cadena perpetua como Zambada por narcotráfico, era conocido por controlar los túneles que permitían cruzar la droga por Sonora. “Por eso los colombianos le llamaban el rápido”, explicó, “era la forma más segura de pasarla a Estados Unidos y permitía hacerlo en grandes cantidades”. Esa red de túneles se utilizaba, además, para traer de vuelta a México el dinero en efectivo recaudado con la venta de los estupefacientes e importar armas desde Norteamérica. Así se conseguía la cuadratura del círculo.

No sabemos si seguir las ocurrencias de los letrados defensores del “pobre agricultor” o del “rey acusador” o sentarnos para ver la cuarta entrega de “Narcos México” de Netflix. Tampoco estará mal la “bronca” que se avecina entre los magistrados de la Suprema Corte y el nuevo presidente Andrés Manuel López Obrador, sobre el papel a desempeñar por el Ejército en la lucha contra el crimen organizado, cuyo “pobre agricultor” está siendo juzgado por los estadounidenses.

La “Guerra contra el Narco”, protagonizada por Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, con una participación activa de la milicia no dio los resultados esperados. Las decenas de miles de víctimas directas o colaterales de los enfrentamientos que manchan de sangre, a diario, nuestras calles de Cancún, Solidaridad, Chetumal, sin olvidarnos de los “enganchados” y muertos por sobredosis o enfermedades ligadas principalmente con la heroína, serían los primeros actores para unos “remakes” del siglo XXI de dos películas ya históricas de los directores españoles “Los olvidados” de Luis Buñuel y “The others” de Alejandro Amenábar. En Netflix no quieren saber de ellos, “son incómodos para la audiencia”. Me evoca todo a “Presunto culpable” el largometraje documental realizado, por Roberto Hernández, Geoffrey Smith, en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México y en los Tribunales de Justicia que narra la historia de José Antonio Zuñiga y su lucha en contra del Sistema Penal y Judicial mexicano.

 

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