El Bestiario Pinceladas

El pésame de Ryad. El príncipe heredero de Arabia Saudí hizo llegar sus condolencias al hijo del periodista asesinado
en Estambul. El rey de Arabia Saudí, Salmán bin
Abdulaziz, y el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, recibieron el martes a Salah y Sahel Khashoggi, hijo y hermano respectivamente del periodista saudí Jamal Khashoggi, asesinado en el consulado de su país en Estambul, para mostrarles “sus condolencias”.

La reunión se produjo mientras el foro de inversores conocido como el Davos del Desierto acusaba las ausencias de los dirigentes saudíes y horas después de que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, afirmase que el “salvaje asesinato” de Khashoggi en Estambul fue “planificado”. La Fiscalía de Arabia Saudí ha admitido que Khashoggi murió en una “pelea” dentro del consulado y ha ordenado la detención de 18 sospechosos. La imagen del príncipe estrechando la mano del hijo de Khashoggi ha despertado especial expectación porque ha sido señalado por su presunta responsabilidad en el crimen. No deja de provocarme perturbación. Es terrible que Erdogan que tiene sus cárceles repletas de periodistas “disidentes”, otros corrieron peor suerte siendo asesinados o “desaparecidos”, aparezca como el defensor del periodista saudí… Son historias no muy lejanas a otras vividas con los comunicadores en nuestro propio Cancún y otros escenarios de Quintana Roo y México, durante los mandatos del panista Felipe Calderón y el priista Enrique Peña Nieto, obsesionados con sus “guerras” contra el narco y el crimen organizado.

Cuando el juez Giovanni Falcone se disponía a interrogar a Tommaso Buscetta, el primer gran “pentito” (arrepentido) de la mafia siciliana, el capo le espetó antes de encender la grabadora: ¿Es usted consciente de que va a contraer una deuda con la mafia, que sólo podrá pagar con su vida?. Y así ocurrió: Falcone fue asesinado en 1992. Para los poderes absolutos, que basan su fuerza en el terror y las amenazas, la venganza es una obsesión, que cumplen con una espantosa determinación. El objetivo no es sólo acabar con los disidentes del presente por el peligro que representan -Buscetta por ejemplo ayudó a encarcelar a cientos de mafiosos-, sino disuadir a los del futuro. Por eso, nadie que haya roto los votos de silencio puede vivir para contarlo. Stalin fue también obsesivo en la persecución de sus enemigos y lanzó a los agentes de su policía política, la NKVD, a asesinar por todo el mundo. León Trotski fue la víctima más famosa, pero ni mucho menos la única. Lo mismo hicieron los servicios secretos búlgaros cuando asesinaron en Londres, durante la Guerra Fría, al escritor Gueorgui Ivanov Markov con un aguijón venenoso escondido en un paraguas.

Se trata de una maldición que recuerda al viejo cuento islámico llamado “Cita en Samarra”, en el que un hombre se cruza con la muerte en el mercado de Bagdad y se le queda mirando fijamente. Llega a su casa aterrorizado y le cuenta lo que ha pasado a su señor. Este le presta su caballo más veloz y le exhorta a que huya a Samarra sin mirar atrás. El señor se lanza al mercado en busca de la muerte para pedir explicaciones y cuando la encuentra, la parca le explica: Le miré porque me extrañó mucho verle en Bagdad, ya que tengo una cita esta noche con él en Samarra. El periodista saudí Jamal Khashoggi tenía su propia cita en Samarra, en el consulado en Estambul.

Lamentablemente, la actitud saudí ante la suerte del informador asesinado puede acabar pareciéndose más a un clásico del cine español del director Luis García Berlanga, “Bienvenido, Mister Marshall”, cuando el actor Pepe Isbert dice a los vecinos de Villar del Río: Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar. Hasta el momento, Arabia Saudí ha conseguido esquivar con petróleo y dinero todas sus explicaciones. Ojalá ahora, aunque tarde, cambien las cosas. Durante el ataque a las Torres Gemela de Nueva York y el Pentágono de Washington, los terroristas, liderados por Osama Bin Laden, eran saudíes. Los miles de muertos y heridos no justificaron siquiera de una testimonial condena a Arabia Saudita exportador y financiador del “wahabismo”, una corriente político-religiosa musulmana de la rama mayoritaria del sunismo, justificativa del terrorismo ejercido por Al Qaeda y el denominado “Estado Islámico” o ISIS. Si el 11-S del 2001 no pasó nada, ahora con el caso Khashoggi va a ocurrir lo mismo.

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