EL BESTIARIO SANTIAGO J. SANTAMARÍA

 

El Mundial de futbol y el ‘¡Eh Putin!’

La Federación Mexicana de Futbol recibió estos días una nueva multa de 10,000 francos suizos (alrededor de 10,000 dólares) y superan la decena. La FIFA vigiló a los hinchas del Tri. Volvieron a entonar su popular expresión homofóbica durante el partido contra Alemania…

El “Ejército de Pancho Villa” que invadió de nuevo Estados Unidos en la Copa de América con su grito de “¡Eh puto!”, llegó al Mundial de Rusia con su “¡Eh Putin!”. Antes de la anunciada tormenta, la agencia publicitaria que se encarga de promocionar los productos de la cervecería Victoria tuvo una “genialidad”, la de sustituir el puto por Putin, en referencia al actual mandatario ruso, criticado a nivel internacional por su militancia “anti gay” en el país de los zares y bolcheviques. La propuesta cervecera propuesta cabreó al gobierno del Kremlin. El embajador de Rusia en México, Eduard Malayán, mostró su disgusto, obviando lenguaje diplomático alguno: No estamos tan tontos para entender que es un juego de palabras. El Grupo Modelo retiró todos sus anuncios de sus cuentas digitales. Todavía estamos a la espera de su anunciado mensaje oficial.

“Vatreni” es el documental que ha inspirado a la selección de Croacia, que derrotó a Rusia en el Mundial de Futbol de Vladímir Putin, el ex agente de la KGB, los servicios secretos de la desaparecida Unión Soviética. La película hecha por tres mexicanos hurga en la memoria del futbol e independencia de Croacia que irrumpió hace 20 años en el Mundial de Francia… De la Guerra de los Balcanes, emergió un equipo de época, aquel que terminó tercero en el Mundial del 1998.  Josip Broz  “Tito” nació en Kumrovec, Imperio austrohúngaro -actual Croacia- un 7 de mayo de 1892, falleciendo en Liubliana, RFS Yugoslavia -actual Eslovenia- un 4 de mayo de 1980. Conocido por su título militar mariscal “Tito”, fue un político y militar yugoslavo, jefe de Estado de Yugoslavia desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte a los 87 años. “Tito” fue el principal arquitecto de la segunda Yugoslavia, una federación socialista, que duró desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1991. A pesar de ser uno de los fundadores del Kominform, fue también el primero en desafiar la hegemonía soviética. Fue partidario de la vía al socialismo independiente (a veces denominado “comunismo nacional” o “titoísmo”), y uno de los principales fundadores y promotores del Movimiento de Países No Alineados, así como su primer secretario general. Como tal, apoyó la política de no alineamiento entre los dos bloques hostiles en la Guerra Fría. El titular “Vatreni” remite al fuego, es el apodo por el que en Croacia conocen a selección de futbol y también es el nombre del documental realizado por los mexicanos Edson Ramírez (director), Alfredo Sánchez (productor) y Jorge Linares (director de fotografía). En el filme, estrenado en Croacia en mayo pasado, repasan junto con los jugadores cómo en menos de ocho años alistaron una selección formidable que sorprendió en la Eurocopa de 1996 y la Copa del Mundo en Francia con Davor Suker como prócer. “Esta película es para mí una motivación extra para los jugadores”, comentó Zlatko Dalic. Él mismo y sus jugadores, presidenta e hinchada, han sido los “mosqueteros” de este Mundial de Futbol de Rusia y su final, frente a Francia.

En la actual Rusia, la homofobia es alentada por el propio Vladímir Putin. Un cartel “de pop art” suyo, con su cara maquillada, como si fuera una obra de Andy Warhol, está prohibido, con penas de cárcel. La polémica suscitada con esa consigna “¡Eh, Putin!”,  ha vuelto a recordar al mundo del futbol, que entre sus protagonistas, a diferencia de lo que ocurre en otros sectores de la sociedad, no hay homosexuales, son todos “heterosexuales alfa”. Uno de ellos, Cristiano Ronaldo, hasta hace unos días la estrella del Real Madrid, ha tenido que sufrir insultos homófobos, no solo en el Nou Camp, el estadio del Barcelona, sino en su propia casa del Santiago Bernabeu de la capital española. Decidió largarse al Juventus de Turín en Italia. Sus goles no son amores. El dinero, como siempre, ha sido la clave del traspaso. Otros hablan de “huida” del portugués ante las presiones recibidas de la Hacienda de España por sus penalidades cometidas a la hora de pagar sus impuestos al fisco español. Hay un momento maravilloso del día de la presentación de Cristiano Ronaldo en el Real Madrid. Miles de aficionados se amontonan frente al Bernabéu, mientras a sus espaldas un coche cruza la Castellana. En él, Cristiano Ronaldo observa divertido la escena. En nueve años nunca se bajó de ese coche, nunca se dirigió a la afición salvo para reñirla o reivindicarse y nunca hizo del madridismo una causa de fe. Es probable que no sepa cuántas Copas de Europa tiene el Real Madrid, pero sí los goles marcados por el hoy villano “Number One”. Nadie ha dejado semejante huella en el madridismo moderno, nadie como él ha ayudado a construirlo, rediseñarlo y hacerlo crecer en todo el mundo; nunca, el Madrid manejó una marca tan descomunal. Cuando llegó Cristiano Ronaldo al Bernabéu, el Madrid sufría al mejor Barça de la historia. Nueve años después, Cristiano se va del mejor Madrid del último medio siglo, el único club que ha ganado tres Champions consecutivas en una competición en la que nadie ha podido ganar dos seguidas con este formato. Esto ha sido Cristiano Ronaldo. Una contradicción perpetua. El hombre más seguido del mundo en redes sociales (más de 300 millones de personas) se puso de charla hace años, media hora con un repartidor de comida a domicilio, porque en aquella mansión blindada de La Finca, estaba solo. “No puedo bajar a tomar el café con nadie”, se quejaba.

El grupo de Croacia no duda, tienen a Modric, sí, pero sobre todo tienen un sentido colectivo por está por encima de cualquier individualidad. “¿Dónde están Cristiano, Messi y Neymar?”, cuestionó Zlatko Dalic, “seguramente en la playa. En este mundial se demostró que lo más importante es el juego de equipo”. Por eso, cuando Kalinic se puso remolón en uno de los partidos de preparación para Rusia -argumentó que le dolía la espalda para no entrar al campo cuando faltaban cinco minutos para el cierre-, lo mandaron de vuelta para Croacia. “Necesito jugadores en condiciones”, argumentó el entrenador balcánico. En realidad, necesitaba seguir construyendo el espíritu de equipo que llegó a la final con un espíritu mosquetero desafiando a la Francia de Alejandro Dumas. “Los tres mosqueteros” (Les trois mousquetaires, en francés) es una novela, publicada inicialmente en folletines por el periódico Le Siècle, entre marzo y julio de 1844. Narra las aventuras de un joven gascón de 18 años conocido como D’Artagnan, que se va a París para hacerse mosquetero. D’Artagnan no es uno de los mosqueteros del título, sino que lo son sus amigos Athos, Porthos y Aramis, amigos inseparables que viven bajo el lema “todos para uno y uno para todos”. Juntos sirven al rey Luis XIII y se enfrentan a su primer ministro, el cardenal Richelieu, y a sus agentes Milady de Winter y el conde de Rochefort, para así resguardar el honor de la reina Ana de Austria. La historia de D’Artagnan continúa en “Veinte años después” y “El vizconde de Bragelonne”. Estas tres novelas de Dumas se conocen como “Las novelas de D’Artagnan”. Gracias a su popularidad, la novela ha sido objeto de numerosas adaptaciones al cine y la televisión. La cuarta “novela” la protagonizan también otros jóvenes europeos no gascones, sino croatas, quienes hicieron que en la Rusia de Vladímir Putin, “socio” de Donald Trump, una antigua solidaria silenciara los exabruptos de los actuales inquilinos del Kremlin, en Moscú, y la Casa Blanca, en Washington: “Todos para uno y uno para todos”.  Es el nuevo grito de la “Guerra sin disparos” como describía al futbol  el escritor inglés George Orwell. La nueve fecha histórica, el 15 de julio del 2018, apenas 229 años y un día después. La toma de la Bastilla se produjo en París el martes 14 de julio de 1789. A pesar de que la fortaleza medieval solo custodiaba a siete prisioneros, su caída en manos de los revolucionarios parisinos supuso simbólicamente el fin del Antiguo Régimen y el punto inicial de la Revolución Francesa.

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