EL BESTIARIO SANTIAGO J. SANTAMARÍA

EL BESTIARIO

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Don Quijote y Sancho ‘cabalgan’ por los carnavales

Andan compensando a políticos dementes de epidemia electoral que pululan por Cancún.

 

SANTIAGO J. SANTAMARÍA

Acomodarse uno a la locura de las libertades no es tarea fácil, a todas luces, Miguel de Cervantes nos marcó el camino, siglos ha. Y lo sigue haciendo con un director del Instituto de la Cultura y las Artes de Cancún, sospechosamente llamado y apellidado Fernando Cervantes Quijano… Con sus “locuras” de ruptura con el orden establecido, de inversión de la cotidianidad, de ocultación, equívoco y fantasía; estos días de “familiaridad” y “leyes secas” en el Caribe mexicano, emuladores de Río de Janeiro, Venecia, Barranquilla, Santa Cruz de Tenerife, Colonia, Cádiz…, ojalá sirvan de catarsis temporales y animen a los “quijotes” a no enfrentarse a los molinos sino a las metáforas del vivir.

En mi juventud estaban prohibidas estas “fiestas endemoniadas” por orden del dictador Francisco Franco, puntualmente asesorado por la iglesia de aquella época. Los “pecados de la carne” eran los argumentos eclesiásticos, a pesar de que el cardenal primado, Pedro Segura, cuentan las leyendas urbanas de la época, fue padre de un niño parido por una marquesa y mojigata de Sevilla. Los “Aratusteak” -carnavales en el país Vasco- hicieron oídos sordos a las amenazas franquistas, sobre todo en Navarra. Pío Caro Baroja aprendió cine en México, y nos legó un documental, “El carnaval de Lanz”, un santuario de libertad, desmadre, jolgorio, alegría, transgresiones, delirios, e incluso de pasiones inventadas.

Si los científicos se dedicaran a desacreditar los descubrimientos que realizan otros equipos de investigación y por principio sólo aceptaran los avances de la ciencia que salen de su propio laboratorio; es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con la ideología, ¿no estaría la ciencia todavía en poder de la fe o incluso de la Inquisición? Si los médicos en lugar de curar enfermos, se pasaran el día metiéndose zancadillas mutuamente por los pasillos del hospital y cada uno pusiera en duda la honestidad y la competencia de otros colegas; es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con sus adversarios, ¿acaso no causaría terror ponerse en sus manos? Si los farmacéuticos proclamaran que las medicinas que expende la farmacia de la otra esquina pueden causar daños irreparables a la salud; es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con el programa de otros partidos, ¿quién sería el estúpido que les confiara una receta? Si los maestros, lejos de transmitir un conocimiento libre y sosegado, optaran por envenenar el cerebro de los alumnos con bajas pasiones; es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con el patriotismo, ¿no estaríamos todavía en la caverna?

Si los tenderos de los tianguis de las regiones, abarrotes de las avenidas Talleres, de las plazas Malecones América y Kukulkán en lugar de vender sus mercancías a un precio razonable, se pasaran el día de juzgado en juzgado, de cárcel en cárcel; es decir, si se comportaran como lo hacen los políticos con la corrupción, ¿no sería el comercio lo más parecido a una escuela de malhechores? Si un empresario se viera obligado a aceptar a un ejecutivo cuyo talento fuera similar al de la mayoría de nuestros políticos, ¿no estaría temblando ante la probable quiebra de su negocio? Por fortuna, éste es todavía un país habitable gracias a que los científicos, médicos, maestros, empresarios y tenderos no se comportan como los políticos. Los carnavales, anunciadores de próximas cuaresmas y campañas electorales, aportan sus dosis de cordura en medio del desmadre…

El director del Instituto de la Cultura y las Artes de Cancún, Fernando Cervantes Quijano, enfatizó que estas fiestas han sido cuidadosamente planeadas bajo la instrucción del presidente municipal Remberto Estrada Barba, de dignificar las actividades culturales y ofrecer un espectáculo que permita la convivencia y el disfrute familiar. Fernando Cervantes Quijano, aunque no lo quiera reconocer, suena a un agente de inteligencia infiltrado por su antepasado Miguel. Alonso Quijano es el nombre del hidalgo Quijote, protagonista de la novela “Don Quijote de la Mancha”, escrita por Miguel de Cervantes.

 

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