EL BESTIARIO SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

EL BESTIARIO

Charles Bukowski y los sospechosos solterones

El fin del mundo, lejos de estar provocado por un gigantesco cataclismo, puede que comience con un simple estornudo chino de Wuhan, que está provocando en Cancún y en el mundo una fiebre de uniones de soledades compartidas…

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

No es tan difícil imaginar cómo quedará este mundo cuando desaparezca la raza humana de la faz de la Tierra. Sin duda los simios celebrarán el acontecimiento rascándose las axilas entre grandes carcajadas y esta vez ninguna serpiente les ofrecerá manzanas, porque no habrá un mono que quiera ser Dios, por la cuenta que le trae. Entre los animales seguirá la lucha cruel por la vida, pero gracias a que en ella ya no participarán los humanos la maldad dejará de existir. Desaparecida la ponzoña que ha generado la humanidad volverá la gloria vegetal a cubrir el planeta. El mar habrá purgado toda la basura, los ríos serán azules y las cascadas plateadas, en los montes y valles se producirá un gran sosiego preternatural semejante al que hubo en el viejo paraíso cuando las mariposas volaban sobre los helechos arborescentes. El fin del mundo, lejos de estar provocado por un gigantesco cataclismo, puede que comience un lunes por la mañana con un simple estornudo de un ser anónimo que ha cogido un catarro en un punto perdido de cualquier continente. Su desarrollo no será muy diferente de cuanto sucede hoy en esa ciudad china de Wuhan, que parece un avance o tráiler del espectáculo del fin de la raza humana, con las fronteras cerradas, las calles de las ciudades desiertas, sus habitantes confinados en sus casas con mascarillas sin hablar porque las palabras, sobre todo las de amor, transportarán el virus letal. ¿Y si este ensayo del fin del mundo fuera solo una falsa alarma debida a oscuras fuerzas del mal para vender vacunas? En ese caso, tal vez sería el miedo, una peste que carece de anticuerpos, el que acabara con la raza humana, hasta el punto que, bajo este régimen de terror, quien estornudara sería sulfatado, quien tosiera sería ahorcado y así hasta que el último bípedo, que se creía Dios, a causa del propio miedo, desapareciera de la faz de la Tierra.

Arrastramos muchos días dedicados exclusivamente a hablar del coronavirus de Wuhan, el cual ha superado una dolorosa marca: ya ha cobrado más víctimas mortales que su predecesor, el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) que en 2003 mató a casi 800 personas. El nuevo patógeno ha matado ya a 813 personas en China, además de otras dos en Filipinas y Hong Kong, según las cifras oficiales. En España, uno de los pacientes británicos ingresados en el Hospital Universitario Son Espases de Palma de Mallorca ha dado positivo por coronavirus, según ha confirmó el pasado domingo el Centro Nacional de Microbiología, en el segundo caso detectado en España. El número de infectados tampoco para de crecer, y ya suma 37 mil 252, aunque el número de nuevos casos confirmados, dos mil 658 en las últimas 24 horas, ha descendido con respecto a las cifras que se habían proporcionado el sábado, tres mil 424. Los casos sospechosos son 28 mil 492 o tres mil 916 más que el sábado, mientras que las curaciones representan dos mil 731 casos. Un total de 680 pacientes han recibido el alta en las últimas 24 horas. El coronavirus 2019-nCoV puede provocar neumonía con síntomas como fiebre alta, tos seca, dolor de cabeza y dificultad para respirar. Su periodo de incubación medio es de tres a siete días, con un máximo de 14. Los científicos chinos han confirmado que a diferencia del SARS, es posible el contagio durante la incubación. La OMS ha declarado una emergencia internacional por el brote y ha exigido a la población la limpieza extrema de las manos y evitar el saludo con ellas, proteger a otras personas de nuestros estornudos, limitar la presencia en mercados donde se venden animales exóticos… y si se cocinan sopas y guisados de los mismos; no frecuentar hospitales o centros de cuarentenas… No creo que solo debamos aplicar estas medidas en nuestras vidas, de forma coyuntural, sino que deben ser paradigmas.

Me ha llamado la atención un reportaje de la periodista Macarena Vidal Liy, fechado en Pekín, el pasado sábado 9 de febrero y titulado “La cuarentena contra el coronavirus en China. Vista desde abajo”. Humaniza lo que está ocurriendo en China, que pareciera hasta el momento una película de ciencia ficción distópica. Por primera vez se hace referencia repartidores, taxistas y camareros, quienes se exponen al virus mientras mantienen el sistema en marcha. “¿Cómo podría dejar de conducir, virus o no virus? ¿Quién paga el taxi, si no conduzco? Soy el taxista, pues claro que tengo que pagar el coche. Y para eso tengo que salir a buscar carreras, es algo que decido yo, nadie me lo impone. Pero tengo que hacerlo, si no, el coche no se paga solo. Aunque no hay nadie por la calle. Ahora he tenido suerte, he cogido a dos personas. Si no, ya me habría marchado a casa. Claro que tengo miedo de contagiarme, pero ¿quién paga el taxi, si no conduzco?”. Zhaofan de 48 años, lleva una decena recorriendo las calles con su taxi y asegura que nunca las ha visto tan vacías. O no durante tanto tiempo. Ya han transcurrido dos semanas desde que China paró máquinas por un prolongado Año Nuevo lunar para evitar la propagación de la epidemia de neumonía causada el nuevo coronavirus. No se atisba aún el principio del fin de la crisis, y varias grandes ciudades, como Shanghái o Cantón, han pedido que el regreso al puesto físico de trabajo, previsto para la mayoría del país a partir del lunes, 10 de febrero, sea tan gradual que llegue incluso hasta marzo. En esta situación de mínimos tan peculiar, en la que la cuarentena más o menos explícita hace que pocos quieran o puedan estar en la calle, son los repartidores, los taxistas o los dependientes de las tiendas de comestibles, el sector de la población que oficialmente se conoce con el poco eufemístico término de “diduan renkou” o el “grupo más bajo de la sociedad”, los que mantienen el sistema en funcionamiento, en su mayoría inmigrantes rurales. Son también, sector médico aparte, los más vulnerables: a ver drásticamente reducidos sus ingresos o incluso perder el trabajo; al contagio, por su interacción diaria con desconocidos; y a la desconfianza y temor a una infección que suscitan entre sus propios clientes. Zhaofan se cambia regularmente de mascarilla. A su inseparable termo de té caliente que lleva en cada carrera le ha añadido ahora una botella de desinfectante, que rocía con profusión cada vez que deja a un cliente. “Es lo que me han dicho que haga”, explica. Aunque los clientes siguen sin llegar más que en un goteo: calcula que esta semana habrá ingresado unos 700 yuanes, la mitad de lo normal. “Las vacaciones acaban esta semana. Veremos qué pasa entonces”, dice, mientras se encoge de hombros.

El control de la temperatura se ha convertido en una especie de obsesión nacional en esta crisis. Se toma en los metros, a la salida y entrada de los complejos residenciales. En los edificios de oficinas. Y los repartidores de comida a domicilio de algunas de las principales plataformas entregan, junto a los productos cocinados, una octavilla en la que figuran los nombres de quienes han participado en toda la cadena de preparación y reparto. Junto a ellos, sus temperaturas corporales, como certificado de salud. Una tragedia para las tres grandes plataformas de reparto de comida a domicilio en China -Meituan, ele.me y Baidu Waimai- que acumulan 400 millones de usuarios activos cada mes, la mitad de la fuerza laboral china, y que el año pasado movieron 36.000 millones de dólares. Pero aún más para sus repartidores, en su gran mayoría jóvenes inmigrantes con los estudios básicos que ingresan algo más de seis yuanes (80 céntimos de euro) por pedido, a una media de 25 pedidos por día. Las autoridades chinas han lanzado llamamientos a las compañías para que, ante el previsible golpe a sus ingresos, no opten por los despidos. A cambio, ofrecen aplazamientos en los pagos a la seguridad social o créditos a bajo interés. En Pekín, se ofrecerán subsidios a los alquileres, costes de mantenimiento y ayudas a la investigación sobre producción a las empresas que mantengan su número de empleados. En el caso de Xiao Zhong, su empresa le cubre una serie de subsidios que le compensan de sueldo. ¿Volverá la normalidad a sus entregas, al menos en cuanto al número, ahora que las ciudades van a volver al trabajo? “Ojalá. No lo sé. Pero protegerse es lo primero”, opina XiaoZhong, ya sobre su moto, preparado para su próximo reparto.

“Yo, como don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme”. Esta gentil declaración de Voltaire encierra, me parece a mí la más fina y sutil interpretación de Cervantes. Porque don Quijote no está loco y Cervantes mucho menos, eso lo sabemos desde el principio del libro. Don Quijote es hidalgo cincuentón y soltero que, llegado a ese ápice de la vida, decide pegar el salto cualitativo y cambiar la realidad de los libros por la irrealidad de la vida, mucho más palpitante y vibrátil que lo meramente escrito. Don Quijote principia, o casi, por hacer realidad una metáfora, los molinos que se parecen a los gigantes, y arremete contra una realidad literaria que le desbarata, como tantas otras le van a desbaratar a lo largo de su nuevo camino. Pero aprendamos esto: que don Quijote nunca se enfrenta sino contra metáforas del vivir, desface alegorías y yangüeses, o se reposa en unos duques, de modo que la locura empieza con la realidad y no antes.

Voltaire vio bien que el hombre en madurez y en situaciones de una alerta de la OMS o pega ese salto que digo o le coge ya la postura a la vida, que es la muerte, y no dará más de sí. Don Quijote acierta con ese momento en que se cambia de vida, de cabalgadura, de compañía -Sancho Panza- de curas y bachilleres, de dueñas y sobrinas, del mismo sol en las mismas bardas. Los libros que leía le estaban hurtando a la poesía de la acción con la poesía poética y mala de la dicción. Así que incluso se inventa, entre las pasiones militares y andantes, una nueva pasión amorosa. Es la primera lección que Cervantes nos da en su libro. La vida tiene una segunda parte que se correspondería con la tercera juventud de Aristóteles. Es él, Cervantes, quien rompe con la mediocridad de su vida, pálidamente enaltecida de glorias bélicas, para emprender un libro donde está su rabia por el mundo, su energía al fin liberada al servicio de sí mismo, no ya la energía domeñada y servil del alcabalero y otras suertes. Cervantes es irónico por anacrónico. Ha empezado tarde su aventura y lo sabe. El Quijote no es el libro que vive sino la vida que no ha vivido, y no nos pone a su personaje como ejemplo de nada ni hidalguía de nadie, sino como caso singular de hombre que se decidió a pegar el salto y ese salto quien lo pega es él mismo en figura de Quijote, e incluso se lo hace pegar a un pobre borriquero hecho de perezas y conformidades, siendo así que Sancho nunca pierde el sentido, ese inútil y pobre sentido común del pueblo, pero tampoco pierde la ironía y la distancia para burlarse de su amo con todos los respetos. Don Quijote entra en su nueva edad como un escándalo y Sancho pasa todas las aduanas como un saco de centeno. Tenemos, entonces, el salto desdoblado en tres. Cervantes que roba la fama con un libro, don Quijote que toma por asalto la libertad del vivir más allá de la edad y la voluntad. Sancho, que primero a regüeldo y luego a pleno pulmón, vive vida de caballero andante sin haber leído tales libros. Es la primera rebelión española del intelectual aburguesado, la primera revolución burguesa del hidalgo antecedente y el primer motín del castellano pueblo, un motín de uno solo, Sancho, que vale por todos los que vendrán. Aún hoy, y hoy más que nunca, el hombre que no hace esa revolución interior, que no pega ese salto vecinal, será comido por el poder, amortajado por lo establecido y muerto de asco.

Charles Bukowski carcajea con San Valentín y los sospechosos solterones en Quintana Roo. Si les sirve de consuelo a los que se consideran maltratados ‘chicosviejos’ les paso estos titulares que circulan por las redes sociales, cuando apenas restan unos días para la celebración de San Valentín, como todos los 14 de febrero, para destacar el concepto universal del amor y la afectividad: “Crece en India la plaga de secuestros de hombres solteros para forzarles al matrimonio”; “Terminan muchas solterías, a raíz de la epidemia de China, promoviéndose uniones de soledades compartidas”…  El escritor estadounidense, de origen alemán, Charles Bukowski, fuertemente influido por la atmósfera de la ciudad de Los Ángeles, donde pasó la mayor parte de su vida, murió de leucemia en 1994, a la edad de 73 años. Hoy en día, sigue siendo considerado uno de los escritores más influyentes y símbolo del ‘realismo sucio’ y la literatura independiente. Con sus libros rebosantes de transgresión amable, defendía que somos libres a tope, si somos capaces de amar y ser amados, el papa Francisco ha leído también al maldito Bukowski, quien nos advertía que da igual que contesten a una metiche o maruja que todavía no has encontrado la horma de tu zapato o que las mujeres solo te han querido utilizar para el sexo duro. Ella pensará, primero, sin ningún género de dudas que eres homosexual, lo único que les puede salvar son unas buenas manchas de grasa en la camisa, un descosido en el pantalón o que le intenten meter mano a la obsesiva-compulsiva que no para de preguntar por qué viven solos.

En estos tiempos que se imponen los bautizos para agnósticos y los bar mandamientos, mitzvah para gentiles, los que no han encontrado la media naranja ni un medio melón que les consuele, piden enérgicamente un pequeño hueco en esta celebración, un San Valentín para solteros. Los que no estén en esa situación no pueden entender el escalofrío que les recorre el cuerpo a los que, pasada una determinada edad, deben contestar casi a diario a la archimanida pregunta sobre su estado civil. Si no fuera porque se han encontrado en esa situación un millón de veces probablemente se sentirían como si estuvieran en una reunión de alcohólicos anónimos confesando: “Sí, tengo un serio problema con la bebida”. ¿Pero soltero, soltero? ¿No has estado nunca casado? Estas suelen ser las siguientes preguntas de rigor. Suele ser habitual el utilizar ese término absurdo que se utiliza últimamente: single (soltero, solo, uno, individual, solitario, singular…). En nuestros tiempos de juventud single era exclusivamente un disco fonográfico de corta duración, de dos canciones, a 45 revoluciones y no a 33 como los LP grandes, donde aparecía siempre en la cara A la canción más comercial de la grabación y que, normalmente, daba título a todo el trabajo. En la B, era una obra de puro relleno. Esta parte nunca se rayaba, por haberla condenado al olvido. No me gustan los absurdos eufemismos que se utilizan para llamar a las cosas que ya tienen nombre. Si no has estado casado eres soltero, si has estado casado y ya no lo estás eres un divorciado, y si eres viudo, mis condolencias pero esa es la palabra que se utiliza. ¿Pero vivirás con alguien, no? Llegado este punto lo mejor es negar con un movimiento de cabeza sin entrar en más explicaciones del tipo: “Vivía con una novia pero lo dejamos o sigo viviendo en casa de mis padres porque la cosa está muy achuchada”.

Si el interlocutor es un hombre, lo más probable es que el interrogatorio acabe ahí aunque, sin ninguna necesidad de ser telépata, puedes adivinar que está pensando: primero, este tío es gay, como dicen en la España del esperpento, “soltero maduro, puto seguro”; segundo, es un sabio, la vieja escuela de “soltero y cuarentón, que suerte tienes bribón”. Se imaginará, casi siempre erróneamente, una vida de vicio y perversión en la que uno se levanta junto a una diosa de largas piernas diferente cada mañana. Sin embargo, si la interlocutora es una mujer, es casi seguro que no se va a conformar con una explicación vaga y continuará con el interrogatorio. ¿Por qué no te has casado? Puede pensar, en plan condescendiente que eres un raro. Seguro que es de los que no puede vivir sin las lentejas con chorizo de su madre. Es un obseso de sus libros llenos de polvo y comején, capaces de provocarte un enfisema pulmonar, de los comics de Malfalda o Astérix y Obélix o de sus colecciones siempre incompletas de vitolas de puros habanos, desaparecidos sellos de filatelia por culpa de la Red, de sus viejísimas botellas avinagradas de vinos de su Rioja o Ribera del Duero, por culpa de la edad y no de los malos corchos como repite hasta la embriaguez, rayando al ‘delirium tremens’. Por su mente pasará la idea de un maniático. Debe de ser de esos que tiene las camisas ordenadas por colores y le puede dar un ataque de urticaria si se encuentra una pestaña en el lavabo. Un golfo no es descabellado pensar. También cabe la opción de que seas un psicópata, que va a intentar descuartizarla a la menor ocasión y que expondrá su cabeza disecada, como si fuera un discípulo de ‘John el yihadista’ de ISIS, en algún rincón secreto de su siniestra mansión junto al de otras incautas. Es dura la vida del ‘chicoviejo’ como dicen peyorativamente en España. Como verán, un soltero, sin abrir prácticamente la boca ya ha sido juzgado, condenado y, muchas veces ejecutado. ¿Se merecen o no una festividad que conmemore la incomprensión a la que se ven sometidos?

Recuerdo con cariño a Charles Bukowski, escritor y poeta estadounidense nacido en la Alemania de nuestro Viejo Continente, cuando escribo esta columna. Los años de nuestra adolescencia, que siguieron al Concilio II, de Juan XXIII y Pablo VI, se empaparon de algunos autores malditos, como los llamábamos en los turbulentos 70, tras la bronca del Mayo del 68 de nuestra capital cultural europea, París. Bukowski nos dejó abundante literatura, rebosante de transgresiones amables Charles Bukowski, bautizado como Heinrich Karl Bukowski (Andernach, 16 de agosto de 1920 – Los Ángeles, 9 de marzo de 1994).A menudo fue erróneamente asociado con los escritores de la Generación Beat, debido a sus similitudes de estilo y actitud. La escritura de Bukowski está fuertemente influida por la atmósfera de la ciudad donde pasó la mayor parte de su vida, Los Ángeles. Fue un autor prolífico, escribió más de cincuenta libros, incontables relatos cortos y multitud de poemas. A menudo es mencionado como influencia de autores contemporáneos y su estilo es frecuentemente imitado. Fue un personaje extremadamente excéntrico y arrebatado. Hoy en día es considerado uno de los escritores más influyentes y símbolo del ‘realismo sucio’ y la literatura independiente.

La obra de Charles Bukowski recibió tantas críticas negativas como positivas. Se le acusó de practicar un estilo soez como mero exhibicionismo literario y de reiterar sus obsesiones de modo efectista. Otros críticos, en cambio, realzaron su autenticidad y su condición de escritor maldito. ‘Factótum’, ‘Escritos de un viejo indecente’, ‘Mujeres’, ‘Música de cañerías’, ‘Ordinaria locura’, ‘La máquina de follar’, ‘Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos 1946-1992’, ‘Pulp’… son algunos de sus títulos más famosos. Estas son algunas de sus frases: “La definición de la vida es problemas”; “Mi ambición está limitada por mi pereza”; “El hombre ha nacido para morir. ¿Qué quiere decir eso? Perder el tiempo y esperar. Esperar el colectivo. Esperar que canten los ratones. Esperar que a las serpientes les crezcan alas. Perder el tiempo”; “Cuando el espíritu se desvanece aparece la forma”; “El dinero siempre tiene dos inconvenientes: demasiado o demasiado poco”; “Se empieza a salvar el mundo salvando a un hombre por vez; todo lo demás es romanticismo grandioso o política”; “Alguna gente no enloquece nunca. Qué vida verdaderamente horrible deben tener”; “Casi siempre lo mejor de la vida consiste en no hacer nada en absoluto, en pasar el tiempo reflexionando, rumiando todo ello. Quiero decir pongamos que alguien comprende que todo es un absurdo, entonces no puede ser tan absurdo porque uno es consciente de que es un absurdo y la consciencia de ello es lo que le otorga sentido. ¿Me entienden? Es un pesimismo optimista”; “Sé lo bastante bueno en cualquier cosa y te crearás tus propios enemigos”; “Por supuesto que es posible amar a un ser humano si no lo conoces demasiado”; “Algunos perros que duermen a la noche deben soñar con huesos y yo recuerdo tus huesos en la carne o mejor en ese vestido verde oscuro y esos zapatos de taco alto negros y brillantes”; “No sentía rencor alguno hacia la sociedad porque no pertenecía a ella”; “Me levanté y fui hacia el jodido cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice. Vi depresión y derrota. Unas bolsas oscuras debajo de mis ojos. Ojitos cobardes, los ojos de un roedor atrapado por un jodido gato. Tenía la carne floja, parecía como si le disgustara ser parte de mí”; “El amor es una niebla que se quema con el primer sol de la realidad”; “Incluso en el hipódromo veo correr a los caballos y me parece que no tiene sentido”; “Nunca sentía soledad; cuanto más separado de la especie humana se encontraba, mejor se sentía”; “Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo. Estamos aquí para tomar cerveza. Estamos aquí para matar la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos”; “Un intelectual dice una cosa simple de un modo difícil. Un artista dice algo difícil de modo simple”; “Nuestra sociedad la hemos formado con nuestra falta de espíritu; es como si nos la mereciésemos”…

A las 14.30 del pasado lunes, 3 de febrero, terminó la sesión de apertura de las Cortes en Madrid, España. En un acto solemne e institucional los partidos políticos no dejaron de enfrentarse a cara de perro, enredados en una pelea de patio de colegio sobre los aplausos al Rey Felipe VI. Mientras en los pasillos unos presumían de haberle aplaudido mucho, otros solo un poco y otros nada, a esa misma hora del aeropuerto de Barajas despegaba un Boeing 767 de Air Canadá con destino a Toronto. Apenas levantado el vuelo el piloto comunicó a la torre de control un problema técnico que impedía seguir el viaje. Una rueda había reventado durante el despegue y restos del neumático habían sido absorbidos por uno de los motores, que quedó bloqueado. Los pasajeros del Boeing oyeron una explosión y al comprobar que el avión no tomaba altura comenzaron a alarmarse. Pero el comandante de la nave, lejos de mentir como un político, les explicó con todo detalle cuál era el problema y la forma de solucionarlo porque lo había practicado más de cien veces en el simulador. Ante su explicación sencilla y racional los pasajeros se calmaron. Mientras en el Parlamento los políticos se peleaban como gallos de corral, en el aeropuerto los equipos de salvamento funcionaban a la perfección. Un caza F-18 había salido de la base de Torrejón para inspeccionar de cerca los daños. Los bomberos, las ambulancias, los hospitales, los controladores y la tripulación estaban preparados. Después de dar vueltas varias horas para quemar combustible el avión aterrizó sin más, lo que demuestra que existen en verdad dos Españas: la de los profesionales que saben lo que hacen y cumplen con su deber y la de ciertos políticos que gritan, insultan, imparten el viejo odio cainita y en el fondo no saben nada de nada. Si la crispación política se hubiera instalado en Barajas, el avión se habría estrellado, o en Wuhan, los muertos se cifrarían por miles de personas.

Lo mejor de todo es que entramos en una semana de esperanza con las cifras que nos llegan desde China donde está descendiendo la cifra de nuevos infectados, las curaciones representan 2.731 casos y un total de 680 pacientes han recibido el alta en las últimas 24 horas. Y millones de chinos se preparan para regresar, paulatinamente, a sus puestos de trabajo, y el mundo piensa también en San Valentín. Una noticia distribuida por Notimex nos llena de orgullo, pues tiene a nuestra vecina Cuba y a sus laboratorios de Farmacua y Biotecnología como protagonistas. “Medicamento cubano es utilizado en China para curar el coronavirus. Interferón alfa 2B tiene la capacidad de poder protegerse a los pacientes con posibilidades de agravarse y complicarse…”. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, destacó el uso del gobierno chino para combatir al coronavirus 2019-nCoV con ‘Interferón alfa 2B’ (IFNrec) en el tratamiento contra la enfermedad. Desde su cuenta de Twitter, Díaz-Canel celebró la víspera el uso del medicamento cubano que se elabora desde el 25 de enero en la planta china-cubana ChangHeber, ubicada en la localidad de Changchun, provincia china de Jilin. “Nuestro apoyo al gobierno y pueblo chino en sus esfuerzos por combatir el coronavirus”, dijo el mandatario, amigo de México. “Interferón alfa 2B tiene la ventaja de que ante situaciones como estas es un mecanismo para poder protegerse, su uso evita que los pacientes con posibilidades de agravarse y complicarse lleguen a ese estadio, y finalmente tengan como desenlace la muerte”, explicó al diario Granma Luis Herrera Martínez, asesor científico y comercial del grupo empresarial BioCubaFarma. IFNrec también se aplica contra infecciones virales provocadas por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), la papilomatosis respiratoria causada por el papiloma humano, el condiloma acuminado y la hepatitis tipos B y C, además en terapias contra diversos tipos de cáncer. Pese al bloqueo económico, financiero y comercial que mantiene Estados Unidos contra la isla caribeña, el sistema médico cubano vuelve a ser reconocido a nivel internacional. El Caribe algo tiene que ver.

@BestiarioCancun

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