EL BESTIARIO

La ‘geopolítica’ de la mesa de la cena de nochevieja para evitar otro ‘Estado Islámico’ en Cancún o Riviera Maya

 

El tablero estratégico global es una ridícula partida de Risk comparada con la diplomacia necesaria para sentar a los miembros de la familia y amigos descastados.

 

 

SANTIAGO J. SANTAMARÍA

 

Según una leyenda urbana, a Fidel Castro le disgustaba tanto la labor de su cocinero oficial que, durante una cena de Estado, por estas fechas le espetó a Andrés Pastrana, entonces presidente colombiano: “No coma nada, luego yo le preparo una buena langosta…”. Esto puede parecer algo grosero por parte del Comandante. Sin embargo, los que sufrieron en sus papilas gustativas, los efectos de los platos del ‘chef’ a quien apodaban el ‘sancochero’, defienden hasta con pasión al guerrillero de Sierra Maestra. “Hubiésemos todos el sentido del gusto con el pseudococinero. Le pedíamos unos huevos fritos y no sabemos cómo los hacía. Nadie en el mundo sería capaz de hacerlos tan mal. Una vez un ‘gallego’ sufrió en propias carnes lo que le estamos diciendo. ‘Estos no son huevos fritos, son huevos a la mala hostia’, se quejó el español”.

En una coyuntura tan relajada como una cena entre dos dignatarios, uno de ellos con un serio problema interno provocado por un grupo terrorista y el otro con manifiesta simpatía por este -casi dos décadas después de esta anécdota las FARC siguen felicitando a Castro por su cumpleaños-, el caso puede no significar nada. Pero imagine que durante la cena de esta Nochevieja del 2015 aparezca algún ‘sancochero’, un tío con ‘touch off class’ y fiebres minimalistas de Ferran Adrià , ‘El Bulli’.

En toda familia empieza a haber ya, como mínimo, uno o dos simpatizantes del movimiento ‘Yo Soy 132’ de México o de ‘Podemos’ de España que, en nombre de la regeneración democrática, pedirán que la cuestión de la ubicación de la abuela se discuta mediante una asamblea. Debe presidir la mesa, aunque los motivos que cada uno encontrará para esto pueden ser dispares. Quienes aún le regalan a sus mujeres planchas o aspiradoras, pensarán que la venerable mujer debe presidir para poder estar más cerca de la cocina. Quienes respeten a sus mayores, creerán que esta mujer, que es casta, debe mantener vivos los privilegios del antiguo régimen y las bases de la cultura de la transición española, un proceso ejemplar y sin fisuras que no ha traído más que beneficios al país ibérico, o de las reformas emprendidas en este 2015 en México.

Los ‘Yo Soy 132’ o ‘Podemos’ exigirán cultura asamblearia. En el caso de que esta Nochevieja se imponga esa innovación política y se decida terminar con los privilegios de la casta, se recomienda sentar a la señora lo más cerca del baño posible, con el fin de cortarle el acceso a ese miembro de la familia que ha llegado sin dormir y se va a ir sin comer. La abuela es epígono del viejo México y la vieja España: todo el mundo las quiere, pero muy pocos recuerdan por qué.

El cuñado es un poco el palestino de la mesa. Hay gente que le tiene cierta simpatía porque es repetidamente maltratado por el cabeza de familia, por su esposa, por sus concuñados, por la suegra y, en ocasiones, por el gato también. Pero, a pesar de estar todos de acuerdo en que en su caso no se cumplen las resoluciones de la ONU, que se quedó sin paz y sin territorios y que el bloqueo al que le tienen sometido provoca que, cuando la bandeja de los langostinos llegue a su lugar, solo queden los mustios y que pasara toda la década sin saber qué había dentro de los volovanes, nadie está dispuesto a acogerlo, ni a alimentarlo con nada que no sea algo con aspecto de caer de un avión y que llegue en un sobre con el logo de ACNUR. A pesar de estar en inferioridad numérica y de que su armamento ha quedado obsoleto -esas anécdotas de la mili y del nacimiento de los gemelos-, a la tercera copa de vino logrará cabrear tanto a sus enemigos naturales como a quienes hasta el momento han optado por una suiza neutralidad.

Si la abuela es Reino Unido, la suegra/madre es EE UU, y se sienta dónde la da la gana, a no ser que acuda su hermana (la China de todo esto), a quien debe dinero. Fue en Yalta, la semana del 4 de febrero de 1945, cuando la señora salió clara vencedora del reparto del mundo. Desde entonces, no existe conflicto en los confines de la familia en el que no se implique. Ha convertido el piso de su hija en Estado libre asociado -sus integrantes entran en su casa sin visado, pero no pueden votar ninguna decisión vinculante-, tiene derecho a veto sobre la agenda de su marido, sobrevuela la habitación de su hija sirviéndose de ‘drones’, tiene tropas acampadas en el trabajo del yerno y, sistemáticamente, castiga con bombardeos selectivos a cualquier miembro de la prole capaz de iniciar el más mínimo conflicto. Pero el 11 de septiembre de 2001, la señora sufrió un menoscabo gravísimo de su autoridad. Fue entonces cuando su hija anunció que pasaría la Nochevieja en casa de la suegra. Aquel edificio es hoy un solar. Mantiene una relación especial con su madre, de quien se independizó amotinándose a la hora del té y a quien utiliza como aliado en los casos más sensibles. Si la abuela es Reino Unido, la suegra/madre es EE UU, y se sienta donde le da la gana, a no ser que acuda su hermana (la China de todo esto), a quien debe dinero.

Zorionak eta Urte Berri On!, decimos en el País Vasco, Feliz Navidad y próspero año nuevo.

 

 

@SantiGurtubay

 

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