El rincón de la Fe

Inocencio, un joven de 24 años, enfermo de los nervios y con padecimiento de insomnio; ya no pudiendo soportar su mal, fue a ver al psiquiatra.
_ No puedo dormir, siento que el corazón se me acelera, el aire me hace falta y empiezo a sudar. Siento que en cualquier momento me voy a morir_
_ ¿A qué le tienes miedo, ¿qué piensas mientras no puedes dormir? _
_ Pues, ya muy cansado me voy a la cama a dormir, y me dormiré unos diez o quince minutos, pero despierto sintiendo que el corazón me palpita aceleradamente, siento que hay algo debajo de mi cama, un mal espíritu, un demonio o un muerto. Tengo miedo mirar debajo.
El psiquiatra que era conocido como un hombre de fe, dijo a Inocencio:
_ Mocharás las patas de tu cama, de manera que no quepa debajo de ella absolutamente nada, ni espíritus, ni demonios ni muertos, tomarás esta medicina al acostarte, y antes de dormir leerás el salmo 91 en voz alta dos veces, también lo leerás al despertar. Pon atención a lo que dice.
El que vive bajo la sombra protectora del Altísimo y Todopoderoso, dice al Señor: “Tú eres mi refugio, mi castillo, ¡mi Dios, en quien confío!”
Sólo él puede librarme de trampas ocultas y plagas mortales, pues me cubrirá con sus alas, y bajo ellas estaré seguro. ¡Su fidelidad me protegerá como un escudo!
No tendré miedo a los peligros nocturnos, ni a las flechas lanzadas de día, ni a las plagas que llegan con la oscuridad, ni a las que destruyen a pleno sol; pues mil caerán muertos a mi izquierda y diez mil a mi derecha, pero a mí nada me pasará.
Solamente lo habré de presenciar: veré a los malvados recibir su merecido.
Ya que he hecho del Señor mi refugio, del Altísimo mi lugar de protección, no me sobrevendrá ningún mal ni la enfermedad llegará a mi casa; pues él mandará que sus ángeles me cuiden por dondequiera que vaya. Me levantarán con sus manos para que no tropiece con piedra alguna. Podré andar entre leones, entre monstruos y serpientes.
Dios me pondrá a salvo, fuera del alcance de todos, porque me ama y me conoce.
Cuando le llame, me contestará; ¡Dios mismo estará conmigo! Me librará de la angustia
y me colmará de honores; me hará disfrutar de una larga vida: ¡me hará gozar de su salvación!
_Volverás conmigo en diez días, solo si el mal no ha desaparecido.
Efectivamente, el mal desapareció, no fue necesario volver. ¡Cuánto nos ayuda tener la Biblia como material terapéutico en la programación neurolingüística! ¡Leerla, meditarla y vivirla es vida y salud mental!

¡Bendiciones amigos y hermanos del camino, del camino de Dios! Pbro. Carlos César González Cruz.

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