Haciendo fácil lo difícil

“Un sabio usa su mente así como usa los ojos para ver por dónde va.

En cambio, un tonto es como el que camina en la oscuridad.

Sin embargo, también me di cuenta que el tonto y el sabio terminan de la misma forma”. Eclesiastés 2:14.

Salomón encontró que el conocimiento y la prudencia eran preferibles a la ignorancia y la necedad.

Siendo estudiante de la Universidad en Matamoros, Tamaulipas, nos dejaron de tarea a los alumnos ir al panteón  y anotar en el cuaderno a 10 personas fallecidas.

Los que vivieron más, los que vivieron menos y tumbas que registrarán la misma fecha. Qué preguntáramos al que cuida, que nos mostrara alguna tumba de alguien importante y si fuera posible nos narrara algo de su vida y muerte.

Llamó mi atención encontrar ahí recién nacidos, personas que rebasaron los 100 años; personas que fueron muy ricas; personas que murieron trágicamente; algunos que murieron en la revolución y otras personas importantes que algunas calles llevan su nombre.

Me hizo pensar esto. Según el maestro eso era el propósito.  Reflexionar sobre la vida y la muerte.

El texto de la Biblia nos pone un paralelismo sobre el sabio y el tonto. Ambos en la vida, pero diferentes en su actuar.

Puede ser que converjan en las calles, en una reunión de trabajo, en un restaurante, en una playa o en una iglesia, pero su forma de proceder es tan distinta, no son iguales.

El sabio y el tonto pueden ser hasta gemelos y la gente puede confundirlos con el parecido, pero si los observas bien, no sé parecen.

La diferencia está en qué uno usa su mente; es decir, razona, piensa, analiza y el otro, no.

Por eso son tan distintos, pues el sabio usa su cabeza para hacer las cosas y su vida es tan diferente. Quien piensa para hacer las cosas, puede tener mayores alcances y estar satisfecho. Quien hace las cosas para luego pensar, será tan infeliz.

Tú los puedes ver, eso no se esconde.

Al fin convergirán, ambos llegarán al panteón para estar juntos.

Tal vez llegarán en diferente día, hora y forma.

La tumba muestra la diferencia.

Me imagino que su muerte y sepelio también fue diferente.

Y también serán recordados de forma diferente.

Amigos y hermanos del camino;  hagamos fácil nuestro peregrinar, sacudamos la necedad, dejemos para otros las tonterías y usemos nuestra cabeza, pues ella no sólo sirve como lugar para poner un elegante sombrero.

Aún es tiempo y usted sabe a lo que me refiero. Este mensaje es precisamente para usted.

¡Bendiciones! Pbro. Carlos César González Cruz.

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