Héctor Miguel

“La Pin…Zelada”

 

Exarquero del América y de la Selección Argentina

 

Vacaciones forzadas

 

No piensen que el hecho de no estuve escribiendo  recientemente se debió a que estuve de vacaciones o porque me hayan corrido (jajaja). La realidad es que la vida me dio un gran susto; en días pasados sufrí un “pico” en mi presión arterial. Tuve que visitar el hospital como 4 o 5 días, dos de los cuales estuve en terapia intensiva.

Tuve la fortuna que por las fiestas decembrinas, estaban tres de mis hijos (Gabriela, Miguel e Yvone) mismos a los cuales estoy eternamente agradecido por haber estado conmigo en un momento tan difícil. Aprovecho la oportunidad para agradecer al Hospital Hospiten y a todo su equipo de trabajo, sean administrativos, doctores, enfermeras, etc., y especialmente a mi gran amigo Alberto, que hizo posible que todas la cosas se facilitaran, y agradezco también a todos mis amigos que siempre estuvieron pendientes: Familia Quequi, Familia Gómez, muchas gracias, y ahora a trabajar.

 

Messi, siempre Messi

 

Tuve la oportunidad de jugar, de ser compañero, de ser campeón del mundo, pero por sobre todas las cosas de ser amigo de Diego Armando Maradona, grande, grande, entre los grandes. No tengo la oportunidad de conocer personalmente a Lionel Messi, pero voy a decir lo que siento, y para mi Maradona es y será muy importante en mi vida.

Hay un problema con Lionel Messi que quizás ocurrió en menor grado en los tiempos de Pelé, Maradona, Cruyff o Zidane; cuando pensábamos que lo habíamos visto todo, él encontraba la manera de ser mejor, de sorprendernos. El Messi de una semana atrás se volvía caduco, inoperante, inexpresivo y hasta inofensivo en comparación con el Messi que veíamos hoy. Él siempre está compitiendo contra el único con el que puede realmente competir: Contra él mismo.

¿El futbolista perfecto? Siempre pensé que no existió y que jamás existiría hasta que lo vi correr, fintar, tirar, hablar, y hasta caminar por la calle.

Lionel Messi recogió el lunes por la noche en Zúrich Suiza, el trofeo que le pone más lejos que nadie en la historia del futbol: Cinco Balones de Oro de la FIFA, cinco reconocimientos que no terminan de entregarnos un informe completo sobre este grandioso futbolista, porque lo que hizo el sábado, los tres goles, el amague, y la asistencia al compañero, pueden quedarse obsoletos tan pronto cuando vuelva a la cancha de juego.

Además de lo que hace en el futbol, yo agregaría lo que hace Messi por el futbol. En una época de condiciones mediáticas, de redes sociales, de escándalos, de violencia, de indiferencia, de pocos valores, él juega su propio partido. Un pibe callado respetuoso y respetado por compañeros de equipo y por los rivales en el  campo, un hombre ajeno al estereotipo que aparentemente necesita un futbolista convertido en super estrella. Messi no parece requerir de la vida desordenada que mi querido amigo Diego Maradona hizo tan importante en su entorno como el propio futbol o quizás de los misterios que siempre envolvieron los días de Pelé. Es, o parece, el niño tímido que salió de Rosario para llegar a La Masía (residencia y academia formativa del Futbol Club Barcelona) sin que nadie se diera cuenta de lo que podía llegar a ser con el paso del tiempo. Messi no necesita de un escándalo posterior al juego para sobresalir. Sus mayores “escándalos” se dan generalmente, con el balón en los pies.

¿Qué se le puede recriminar a Messi? Nosotros los argentinos, o mejor dicho, algunos aficionados argentinos al futbol, es el hecho de no haber ganado un Mundial. Y otros acudiendo o buscando cualquier otro tipo de excusa asisten a la idea que su carrera se ha alimentado con títulos individuales y no colectivos, una acusación completamente tergiversada por lo que ha significado la época del Barcelona alrededor de Messi. Está claro que no ha tenido resultados esperados en la selección argentina, pero también está claro que el futbol es un deporte de asociación y que su peso especifico en el Barcelona no está en juego, en discusión, en tiempos en los que la percepción sobre el futbol ha cambiado y en donde aquel que no logre triunfar en el máximo nivel europeo no puede cotizarse como el mejor futbolista del mundo.

 

Su gran adversario

 

La otra historia es la aparentemente gran competencia que ha tenido con Cristiano Ronaldo en la época y por la época. Y digo aparente porque el portugués del Real Madrid ha sido muy inteligente. Ha competido, ha tendido una “cortina de humo”, para confundirnos de que realmente se le puede comparar con el “10” del Barcelona cuando futbolísticamente en actitudes y en condiciones para mi punto muy particular conservan una distancia considerable. Cristiano hace goles, y goles y más goles. Messi hace goles, goles, y más goles, pone goles, asistencias, arte, arte y más arte a su juego. Mientras a Cristiano se le compara con Messi, a Messi se le compara con Maradona o con Pelé.

Messi se luce y hace lucir a sus compañeros en la cancha. Cristiano se luce para él mismo, para las redes sociales, para las revistas de moda, para las super modelos, para los yates, para los aviones privados. Habitan en mundos opuestos. Cristiano debe lamentarse una y otra vez el haber vivido en la misma época de Messi.

Pasarán muchas generaciones y se seguirá recordando a ese fantástico jugador argentino que llenó horas y horas de pasajes memorables en una cancha de futbol.

¿Es el futbolista perfecto? No lo sé, lo que sí sé, es que somos muy afortunados porque Dios, el destino y el futbol nos han permitido ver a un jugador que se reinventa cada fin de semana y que sólo es capaz de competir contra sí mismo.

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