Jorge González Durán

La jiribilla

 

El arte de la vida

Ayer, en la presentación del libro Instrospectum vide, del poeta José Germán Solórzano Hidalgo, leí algunas líneas que a continuación transcribo:

 

La poesía es el arte de la vida; cuando el hombre sintió la necesidad de ser algo más que un simple mortal, se dio a la tarea de domeñar a su instrumento primordial de comunicación,  la palabra. Y con ella comenzó a cambiar la estrechez de su mundo, de su realidad, de su entorno.

 

La poesía fue la herramienta para nombrar al mundo de otra manera.

Construir la belleza a través del arte de la palabra fue el gran desafío que el hombre, y con esto quiero decir, el ser humano, se impuso para demostrar su grandeza.

 

El ser humano no se conformó con decir ojos, pétalos, nubes, musgo, lágrimas, luna, muslos, sino que buscó otra manera para nombrar la vastedad de la vida y lo infinito de su destino. Y la encontró en la magia, en el fuego  y en la candencia de las palabras.

 

El ser humano no se conformó con trabajar, con mirar el horizonte y columbrar el futuro, no se resignó a reproducirse, a abrazar, a besar, a comer y a dormir, sino que quiso trascender su ámbito natural. Quiso trascender, quiso escudriñar lo que hay detrás de la puerta, quiso si saber si amar era una posibilidad de cambiar al mundo, e inventó el lenguaje poético.

 

El hombre no sólo quiso ponerle trampas al jabalí, al venado y a los felinos, sino también a la vida, y descubrió que las trampas más letales son las palabras.  Porque son las que te conducen a la verdad pero también las que te seducen, te obnubilan, te fascinan, te engañan.

 

La poesía puede ser, porque no, el arte del engaño. El arte de mirar la realidad como no es. El arte de inventar mundos para hacer más habitable el aquí y el ahora. Para darle a la realidad lo que le falta, lo que se le olvidó al Creador. Y  con la poesía el hombre aspiró a ser semidios, en el cronista del espíritu.

 

Eso se me ha ocurrido al leer el libro  de poesía, porque las palabras ocurren y discurren- en itinerarios imprevisibles- Instrospectum vide, de German Solórzano.

 

German  oficia en el templo de la luz, pero a veces también en el de las sombras, para hurgar  en el misterio de la palabra.

 

Vamos a celebrar las voces entretejidas que forman los poemas de este libro.

 

Comments

comments

No hay comentarios

Deja un comentario