La jiribilla Jorge González Durán

La solidaridad

 

La solidaridad es la ternura de los pueblos, es una frase de la poetisa nicaragüense Gioconda Belli, que expresa el momento que vive nuestro país. Los quintanarroenses de todos los estratos sociales se han volcado en expresiones de solidaridad hacia nuestros compatriotas de Chiapas, de Oaxaca, de la ciudad de México, de Puebla y de Morelos. En los distintos puntos de acopio la gente expresa su apoyo y despliega ese sentimiento de hermandad que aflora en momentos de adversidad.

 

La prensa internacional ha destacado la inmediata reacción de la gente común y corriente, tal y como se vivió también hace 32 años. Los comentaristas de la prensa española, sudamericana y norteamericana han resaltado ese espíritu solidario de los mexicanos, lo que casi no se manifiesta en otras sociedades. El famoso cantautor Joaquín Sabina, desde España expresó: “Te quiero México, hoy como siempre, hoy como nunca”.

 

El gobernador Carlos Joaquín González, instruyó acciones inmediatas de apoyo y solidaridad con los afectados por los sismos. El gobernador expresó que el Ejército mexicano ha puesto a disposición sus vehículos para el traslado de la ayuda a los lugares donde haga falta. Las oficinas del DIF estatal en Chetumal y en todos los municipios  han estado recibiendo la ayuda institucional y de la sociedad civil para enviarla a quienes viven momentos de dolor.

 

La solidaridad con nuestro país viene de todos los países del mundo, particularmente de personalidades del arte, la cultura, el deporte y el espectáculo. El gobierno venezolano, tan denostado por el gobierno mexicano, ha sido de los primeros en enviar apoyo médico y de rescate en un avión Hércules.

 

Una crónica del diario El País, de España, sintetiza el espíritu y la fuerza de los mexicanos: “

El México bravo que afronta las adversidades emergió con fuerza de nuevo un maldito 19 de septiembre. El mismo día en que se cumplían 32 años desde la mayor tragedia de la historia reciente del país, otro terremoto sacudía a la capital y a varios Estados cercanos. Más de 200 personas han muerto y decenas de edificios han quedado reducidos a escombros. Una macabra coincidencia, la de la fecha, a la que respondieron los ciudadanos con la misma entereza que ya exhibieron hace tres décadas. Los momentos de pánico inicial tras la sacudida de magnitud 7,1 dejaron paso a un aluvión de solidaridad, una comunión espontánea con la que tratar de minimizar el dolor. La capital mexicana se echó a la calle con un solo propósito: ayudar. Ayudarse.”.

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