LA MOTIVACIÓN QUE NECESITAS

El diamante de la felicidad llega a veces por casualidad, como le sucedió al científico de la novela de Balzac, La búsqueda de lo absoluto.

 

Lo que no pudo su voluntad sucedió de improviso en su laboratorio. Eso es  una metáfora festiva ante el milagro de vivir la realidad del momento.

En realidad ni siquiera necesitamos tener objetivos, por lo menos si ellos con aparente bondad nos llevan al precipicio del estrés. La tranquilidad radica en estar con la mente y los brazos abiertos a lo que nos presente la realidad. La mente seguirá su juego y actuará oportunamente en base a toda la formación que tengamos, la más diversa que podamos imaginar en la colección sicológica de perfiles humanos de la humanidad.

Desde el punto de vista fisiológico, no se necesita mucho para que el cerebro se mantenga sano: el oxígeno, que le llega a través de la circulación y el corazón, azúcar, vitaminas del grupo B, ácidos grasos esenciales (que son los que nuestro cuerpo por sí solo no es capaz de sintetizar y que obtenemos a través de la alimentación) y cuatro minerales.

Entra después la percepción que lo alimenta diariamente a través de los sentidos. Creamos toda una cultura. Imagina la de cualquier punto del planeta y no solamente la de tu ciudad. El cerebro necesita esa gasolina, que es la que tomamos como motivación. Parte de lo básico, lo fugaz, de una emoción simple. Sin embargo, una motivación es mucho más que un sentimiento aislado, es la combinación de la emoción, que no es consciente, y del sentimiento, que sí lo es. Lleno de esos pensamientos, el cerebro te empuja a modificar su estructura, a ser mejor de lo que lo era ayer. Nos volvemos dependientes de esa zanahoria que hemos inventado.  Y ¿Qué tenemos que hacer? Tenemos que estimularlo, y podemos hacerlo de muchas maneras: a través del ámbito de la ciencia, de las artes, en el terreno personal, social… Ahí se cuece todo. Es una “neurofilosofía” de vida.

LOS MÉTODOS DE MOTIVACIÓN MÁS EFECTIVOS

Con la caída de las primeras hojas parece que nuestro ánimo también anda por los suelos. No encontramos razones para estar alegres, nos cuesta conciliar el sueño y la falta de objetivos empieza a hacer mella en nuestras labores. En momentos así, es necesario conocer los métodos de motivación más efectivos si no queremos acabar hundidos.

Este sentimiento de desgana y agotamiento a veces es producido por la denominada astenia. La fatiga, el estrés y el desánimo pueden ser crueles aliados de una incipiente depresión si no intentamos hacer algo para impedirlo. La influencia de los cambios estacionales en el el humor no tiene por qué ser mala, siempre y cuando sepamos llevarla con optimismo y positividad.

Los métodos de motivación más efectivos son aquellos en los que realmente uno tiene que poner de su parte. No basta con decir que se quiere cambiar de hábitos: es necesario pasar de las palabras a los hechos. Dentro de cada uno de nosotros existe una tremenda fortaleza, pero es responsabilidad nuestra elegir qué hacer con ella.

“Las personas fuertes crean sus acontecimientos; las débiles sufren lo que les impone el destino”

  1. Haz una lista con tus objetivos a corto y largo plazo

Compaginar el trabajo con las tareas, las relaciones personales, las ambiciones y el propio descanso a veces es tarea casi imposible. Siéntate y haz una lista de lo que quieres conseguir a corto y a largo plazo. En la primera céntrate en cosas más realistas y accesibles; en la segunda permítete pensar a lo grande.

El esfuerzo y la determinación son cualidades excepcionales. Todos sabemos que la suerte no viene sola: hay que estar preparado para cuando te encuentre. Establecer una serie de objetivos a cumplir te mantendrá ocupado y te hará perseguir un fin que puede acabar cambiando tu percepción de muchas cosas.

  1. Actúa como si te sintieras motivado

Puede parecer una tontería, pero es completamente real. Si le dices a un niño desde pequeño que es tonto aunque este sea el más listo de la clase, acabará comportándose como tal. El denominado Efecto Pigmalión se encarga de sacar lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros.

Compórtate como si realmente estuvieras enamorado de la vida. Sé amable, piensa en positivo y contagia tu alegría a los demás. Aunque al principio te cueste y sientas que estás actuando de manera hipócrita, terminarás por comprobar que a medida que te lo repites vas convirtiéndote en lo que proyectas.

  1. Concéntrate en lo que estás haciendo

La fatiga y el desgano provienen muchas veces del exceso de trabajo. Uno de los mejores métodos de motivación que existe es concentrarse en lo que se está haciendo. No pienses en la siguiente actividad ni en la anterior. Tampoco te pares a procrastinar ni a preguntarte qué harás al llegar a casa.

Atiende a lo que tienes delante y da lo mejor de ti, como si te fuera la vida en ello. Lograrás unos resultados espectaculares, eliminarás el agobio y además, te permitirá acabar antes.

  1. Usa el humor como arma

Reír es una de las mejores medicinas naturales. Esta acción libera endorfinas, las llamadas hormonas de la felicidad. Ellas se encargan de que después de una buena sesión de carcajadas te sientas relajado y positivo, lo que obviamente afecta  tu manera de ver las cosas.

Rodéate de personas divertidas y con buen sentido del humor; acude a monólogos; ve comedias en el cine y en la televisión o deléitate con un buen libro satírico. Notarás que la vida no es tan gris como te parecía poco antes. Ser feliz no es una opción, es una obligación.

  1. Plantéate un cambio de aires

Un cambio de aires nunca viene mal. Decídete a hacer algo espontáneo cada día, alguna actividad que se salga completamente de tu rutina. Escucha música que nunca habías escuchado, haz un viaje a algún sitio en el que nunca habías pensado, organiza por sorpresa una quedada con amigos o simplemente, permítete comer algo que se salga de tu dieta.

 

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