La prueba que identifica ser de Dios

MISIÓN EVANGÉLICA

Si alguno dice que ama a Dios, pero odia a su hermano, es un mentiroso. Porque si no ama a su hermano, a quien puede ver, mucho menos va a amar a Dios, a quien no puede ver. 1. Juan 4:20

POR PBRO. CARLOS CÉSAR GONZÁLEZ CRUZ

No aprendemos la maldad, ya está como un germen plantado en nuestro corazón.

Es increíble cómo una persona al nacer y ser tan linda, pueda echarse a perder a medida que va creciendo. Podemos heredar genéticamente a nuestros descendientes el color de piel, características propias, enfermedades, ciertas tendencias y propensiones; y también, podemos “formarlos” de acuerdo al medio como fuimos formados.

En experimentos realizados a niños pequeños, ellos no han tenido problemas para relacionarse e interactuar con aquellos que son diferente a su color o a las características físicas de ellos.

A medida que crecemos, la maldad germina en nosotros y al interactuar con nuestros semejantes, aprendemos y enseñamos la maldad. Nos comparamos a otros y comparamos a otros con los demás. Emergemos en el mundo de las competencias y luchas, engañando y siendo engañados.

Así, hemos llegado a creer en la supremacía, la grandeza de la espiritualidad, de estar más cerca de Dios, de ser “iluminados”, de ser mas santos y mirar con desprecio esa multitud de gente perdida, pecadora, inmerecedora de la gracia divina. ¡Cuán grandes son esas diferencias y cuarteaduras religiosas que tenemos! Mormones, testigos de Jehová, católicos, protestantes, etc. Todos y cada uno de estos grupos considera estar por encima de los demás. No cabe la menor duda que la maldad ha germinado también en todo círculo religioso como en cualquier otro lugar.

Según dicen que en toda la ley hay un total de 634 mandamientos; estos fueron resumidos en 10, sumando 6 + 3+ 4= 10. Estos 10 mandamientos estaban escritos en dos tablas de la ley en forma de libro; la primera tenía los primeros cuatro mandamientos concernientes a reconocer y respetar a Dios y la segunda tabla contenía los seis restantes que enseñaba a reconocer y respetar al prójimo. Ya en el nuevo testamento se habla de los dos grandes mandamientos, amar a Dios y al prójimo como a uno mismo.

Y Pablo en Gálatas 6: 14 dice: Porque toda la ley se resume en este solo mandato: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”

Dura prueba se nos pone a aquellos que nos llamamos cristianos… si no amamos al prójimo, somos mentirosos diciendo que amamos a Dios.

Bendiciones amigos y hermanos del camino, del buen camino de Dios. Pbro. Carlos César Gonzáles Cruz.

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