Narrará Greg infierno que vivió en la cárcel

 

CANCÚN

“Los que saben de numerología, les voy a dar un dato: cuando encarcelan a Roberto Borge, tenía siete años con siete días de que a mí me habían metido a la cárcel. Cuando yo estuve preso y mi esposa Niurka embarazada huyendo de ilegal, lo único que pedíamos era: ¡Justicia!, ¡Justicia!, ¡Justicia! Cada quien cosecha lo que siembra. El endeudamiento de Quintana Roo de más de 20 mil millones de pesos es tangible; si la Secretaría de la Función Pública tiene ‘n’ demandas en su contra, que se aplique todo el peso de la Ley”, dijo Gregorio Sánchez Martínez respecto a la detención del ex gobernador Roberto Borge Angulo en Panamá.

En entrevista con Odalis Gómez en “¿Y los jóvenes qué”?, que se transmite los sábados de 10 a 11 de la mañana por QFM 104.3, el también dirigente estatal del Partido Encuentro Social (PES), agradeció que se esté haciendo justicia sobre su “injusto” encarcelamiento cuando contendió por la gubernatura de Quintana Roo, refiriéndose a un grupo de mafiosos que “querían saquear, como saquearon, a quienes les estorbaba y me quitaron”, dijo.

 

SOBRE ROBERTO BORGE

“Dicen que en la vida cada quien cosecha lo que siembra, es una ley universal, de causa y efecto, por lo tanto yo no soy un juez para juzgar; si el señor (refiriéndose a Roberto Borge) es culpable o no, para eso existe en nuestra Ley la presunción de inocencia. Hasta que no tenga una sentencia condenatoria inapelable por un juez, entonces podemos decir que es culpable, pero por lo que se dice en los medios de comunicación; por lo que dice la Secretaría de la Función Pública del estado, por las ‘n’ demandas que tiene por el endeudamiento excesivo de Quintana Roo de más de 20 mil millones de pesos, lo cual es totalmente tangible en los estados financieros a la vista de todos. Lo que puedo decir es que, si es culpable, se aplique todo el peso de la Ley”, declaró.

Sánchez Martínez contó que la travesía de su esposa para huir inició de ilegal en los Estados Unidos, disfrazada. Se regresó a varios puntos del país, también de ilegal, llegó a Guatemala hasta llegar a Argentina en donde nació su hijo. Decidió no registrarlo hasta que salió de la cárcel, pues tenía el temor de que al registrarlo, la Interpol los detectara, asegurando que el infierno que él pasó en la cárcel no se compara con el que vivió su esposa, por eso, lo único que hacían era clamar justicia.

“Era una humillación estar en la cárcel, yo lloraba todos los días. Le pedía a Dios perdón si en algo le había ofendido y solo le pedía: ¡Justicia!, ¡Justicia!, ¡Justicia!. Mi esposa Niurka tenía dos meses y medio de embarazo cuando sucedió esta acusación. Hizo ruedas de prensa en el DF, Guadalajara, Tepic, Monterrey. En 24 horas le volteó la opinión pública a Calderón, por lo que él orquestó que los mismos testigos que declararon en mi contra lo hicieran también en contra de ella, armándole dos expedientes penales y una orden de aprehensión, por eso ella tuvo que huir, porque si la aprehendían, mi hijo podría nacer en la cárcel y el DIF se lo podría quitar”, señaló mientras recordaba sus días de preso.

HABRÁ LIBRO DE GREG

A pregunta expresa de Odalis Gómez sobre quién fue quien ordenó su encarcelación, Gregorio Sánchez respondió: “Imagínate, esta persona que ordenó mi encarcelamiento, el expresidente de la República, Felipe Calderón, era su gato. Le obedecía en todo, porque quien ordena mi detención y manda a fabricar los expedientes falsos; que impuso testigos falsos balines; quien viola la Constitución y la Ley es Felipe Calderón Hinojosa. ¿Por órdenes de quién? Si es Félix González Canto, pues qué poderoso es Félix González Canto como para que el presidente de la República en ese entonces fuera su gato, su empleado”. Expresó.

Insistió diciendo que a él lo encarcelaron para poder saquear al estado, preguntándose: ¿Quién será la mano que mece la cuna?, por lo que adelantó que en unos meses se publicará su libro en donde cuenta todo este proceso, desde cuando contendió por la gubernatura de Quintana Roo, compitiendo contra Roberto Borge y Alicia Ricalde, hasta el proceso de detención, encarcelamiento y liberación. En su próximo libro está incluyendo todos los nombres que intervinieron para su reclusión, anexando expedientes que comprueban sus declaraciones, el cual estará disponible para agosto o septiembre de este año, adelantando que entre los responsables se encuentran los Ricalde Magaña, a quienes calificó de monstruos.

DE EDIL A CONVICTO

En los tiempos en que fue encarcelado en un penal de máxima seguridad, dijo que vivió los peores momentos de su vida, asegurando que eso “es peor que el infierno y que no se lo desea ni a su peor enemigo”, pues un día ahí significa un año en la adversidad, pues en las cárceles estatales y municipales, incluso en donde se encuentra Roberto Borge, añadió, sí existen privilegios, pero en un penal de máxima seguridad, no, se tenga el dinero que se tenga, la edad, nada, afirmó.

“Cuando llegas a una cárcel de máxima seguridad, está enrejado todo con acero y alambre de púas, no te dejan moverte solo a ningún lugar; vas acompañado de dos guardias. Te levantan a las 4:30 de la mañana, para que a las cinco laváramos las ropas, porque solo tenemos dos mudas, la puesta y la que lavas. Habían personas como el general José de Jesús Gutiérrez Rebollo, Herrán Salvati, quienes a sus más de 70 años, lavando a menos dos grados centígrados de temperatura, daban pena, y no podías ayudarles”, recordó.

Dijo que cada vez que salía o entraba de la celda tenía que desnudarse y colocarse en cuclillas para que lo revisaran. Después de lavar la ropa, a las 5:30 de la mañana se tenía que estar bañando, porque a las 7 de la mañana era el desayuno, cuando les iba bien, cuando no, hasta las 10 de la mañana. Después tenía que lavar sus trastes, limpiar la cocina y regresar a su celda, desnudarse de nuevo y estar encerrado hasta la 1 de la tarde para la comida, que podría ser de una a cuatro.

Sánchez Martínez continuó narrando que la cena la servían entre siete y nueve de la noche. En sus lapsos de tiempo libres, lo único que hacía era leer la Biblia, el cual calculó que le dedicó más de mil 500 horas mientras estuvo recluido, pues era la única forma de ser libre: en su pensamiento. “Yo leía 12 horas diarias aproximadamente, pues la única forma en que podías salir de ese lugar horripilante, el cual era un infierno, era leyendo. Yo aproveché para analizar la Biblia”, manifestó mientras contaba que dormía en una cama de cemento de 80 centímetros de ancho, en una celda de 2×2 metros cuadrados y con una taza de baño (sin puertas) para orinar o defecar, mientras era videograbado las 24 horas. Destacó que el primer mes se vomitaba casi diario por el hedor del excusado, pero con el tiempo se fue acostumbrando.

Recordó que los custodios pasaban lista cada media hora, y si era en la noche, pasaban a las celdas, alumbrando el rostro de los reos mientras dormían y, en caso de tener el rostro tapado, los despertaban para verificar que no estuviera muerto o fugado. Durante el día, el paso de lista era estando en fila en posición de “firmes”, y responder al número, no al nombre.

Continuó diciendo que en la cárcel nadie tiene nombre, solo un número. Cuando salía de la celda para ir a los juzgados, pasaba él y sus compañeros por un túnel, en donde los formaban durante siete horas para que les tocara su turno para que les llame el juez, pero era necesario estar de espaldas con la frente pegada a la pared, mirando al piso con las manos atrás y piernas abiertas.

Si “tantito” volteaba le daban un macanazo. Sin aire acondicionado, empezaban a sudar y los zapatos se les llenaban de agua; había personas que no podían soportar y se desmayaban. Se los tenían que llevar, perdiendo su turno. Los ponían así porque había bandas rivales de todo tipo, y si se encontraban ahí se podían matar a mordidas o a golpes, por eso no podías voltear a ver a nadie, narró. Fue un infierno, finalizó.

 

 

Por Heiby Morales

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