Peleen por sus sueños: Chávez

Chetumal. Como en el ring, Julio César Chávez lo entrega todo, no se guarda nada. Así ganó seis campeonatos mundiales en tres categorías diferentes, fue ídolo mundial, tuvo todo lo que se puede tener y comprar y tocó fondo con las drogas y el alcohol. Ayer, a seis años de alejarse de aquel infierno, narró como si fuese una plática de amigos cómo logró salir de ese purgatorio que atravesó con la ayuda de su familia; lo hizo frente a más de 800 jóvenes de bachilleres que vieron un crudo testimonio, no sólo de cómo alcanzar los sueños, sino cómo evitar el camino que conduce “a la lona” en la vida. “Uno tiene que luchar día tras día: sólo por hoy no voy a drogarme, sólo por hoy no voy a tomar, sólo por hoy voy a estudiar; sólo por hoy me voy a portar bien”, dijo con humildad de campeón.

Sin dudas, Julio César es el rostro de la bravura, quien llegó a Bachilleres II risueño y ataviado con camisa lila; habló con el corazón en la mano y sin discursos prefabricados. Hoy la batalla es otra. Hay un abismo entre aquel Julio que embestía al mundo en el cuadrilátero, y el Julio de hoy comentarista deportivo, conferencista y presidente de una fundación de ayuda contra las adicciones. Una pelea diferente que empezó a ganar gracias al temple de su hijo homónimo.

Recordó que todo empezó cuando todavía era un muchacho sano que sólo tenía un sueño que le confesó a su madre. “Cuando sea campeón del mundo te voy a sacar de lavar y planchar ajeno, te voy a comprar una casa”, le prometió uno de los 11 hijos de una familia humilde, encabezada por un padre alcohólico.  “Porque el sueño fue siempre sacar adelante a mi familia”, dijo con voz entrecortada. Sin embargo, su mamá se negó a entregar a su vástago a un deporte rudo que ya le había dejado apaleados a dos de sus hijos. Pero el pequeño Chávez lo tenía claro y le pidió 10 peleas para probar, “si pierdo una me vuelvo a estudiar”, le prometió y la convenció.

Con trabajo y mucha disciplina, no sólo hizo 90 peleas, sino fueron 115 a lo largo de su carrera con 107 ganadas, seis perdidas y dos empates. Vinieron a su mente los días en que ganaba dos mil 500 pesos que enviaba a su familia cuando se había radicado en Tijuana para ascender. Le ganó a los mejores y fue el mejor boxeador mexicano de todos los tiempos. Era una época en la que el sueño primero se había transformado en tener casas, carros, yates, cosas y más cosas. ”Gracias a Dios cumplí ese sueño, pero a qué me llevó ese sueño: a la droga y al alcohol”, recordó.

Los estudiantes –que ni siquiera habían nacido cuando Chávez era ídolo de ídolos- escucharon todo, porque nada fue un discurso, es la vida transparente de un hombre que saboreó las mieles de la gloria y la hieles de las adicciones. Su infancia fue como la de muchos jóvenes. “Mi papá era alcohólico y es una enfermedad muy perra. Insultaba a mi mamá, le quería pegar y yo decía: no voy a ser como él. Sin embargo, creo que fui peor”, admitió.

En ese camino de ganar miles a millones de pesos, el éxito trajo falsos amigos y muchos engaños.

“No son amigos los que te ofrecen cerveza, droga; porque yo era un chico muy sano que no pensaba en eso. Estaba enfocado en mi carrera y después de ganar el superpluma hice 9 defensas de campeonato”, trajo a la memoria. Fue en la histórica pelea con “Macho” Camacho cuando probó cocaína por primera vez. “Es un camino que presenta tres alternativas: hospitales, cárcel o muerte”. Lamentó haberle faltado el respeto a su familia, etapa en la que casi mata a su hermano de un balazo y casi se mata. “Uno no conoce el daño que hacen la droga o el alcohol, que no me llevaron más que a cometer error tras error en la vida. Pero uno no ve eso, sólo trata uno de olvidarse de los problemas, evadirlos. Pero es una mentira, porque llevan a la destrucción y empiezas a perder los sueños.  Ustedes tienen todo por delante, tienen un futuro enorme”, finalizó el campeón que empezó a serlo con el sueño de que su madre dejara de lavar y planchar ajeno.

 

FUNDACIONES

A raíz de una mala experiencia en una clínica donde Julio César Chávez intentó recuperarse por primera vez, en Guadalajara, ahora tiene una fundación que financia dos clínicas: Bajamar (Tijuana) y Baja del Sol, en Culiacán, esta última donde era su propia casa, escenario de sus momentos más difíciles, pero también donde vivió etapas de mucha felicidad. Recordó que su hijo Julio fue quien lo llevó engañado a una clínica donde logró recuperarse de las adicciones. “Lo bonito es ver cómo llegan con cómo vuelven otra vez a la vida a sentir ganas de vivir. Les digo esto para que vean que sí se puede”.

 

‘LE HUBIERA GANADO A MAYWEATHER’

Dentro de la conferencia de Julio César Chávez en Bachilleres II, los alumnos pudieron hacerle preguntas al gran campeón. Allí contestó que la pelea más importante de su vida fue contra Meldrick Taylor, porque estaba perdiendo el invicto faltaban segundos para que terminara. Confeso admirador de Rubén Olivares, aseguró que sin dudas que le hubiera ganado al actual capeón Floyd Mayweather. “Si le gané al tío, qué no le voy a ganar a ese. Claro que sí. Lo hubiera forzado, atacado,  sin darle espacios, ¡¡hay tiro, hay tiró!!!

Por Luciano Núñez-Quequi

Voz

“Todos los sueños se hacen realidad a base de esfuerzo, dedicación, entrega y disciplina, no se dejen llevar por los que se dicen sus amigos que les ofrecen drogas o alcohol. Busquen sus sueños porque pueden llegar hasta donde se lo propongan”.

Julio César Chávez

Comments

comments

No hay comentarios

Deja un comentario