Por German Gallegos Cruz Senilidad del PRI 

 

 

 

Atento recado para todos los tercos.

 

Alzheimer, Parkinson, demencia, artritis, arterioesclerosis, micciones involuntarias, incontinencia digestiva, etc, son algunos de los padecimientos que se le observan al PRI, a sus casi 90 años de vida.

¿Qué caso tiene tratar de sacar inútil­mente juventud de su pasado? Como a cualquier ser humano, las enfermedades degenerativas son una realidad inoculta­ble en el PRI, de Enrique Ochoa Reza, de Enrique Peña Nieto y de Raymundo King de la Rosa.

Acaso no sería más redituable resca­tar los pocos activos que aún le quedan, y buscar una refundación con otros co­lores y otras siglas, que les garanticen el brío y la fuerza de lo nuevo, de lo joven. Tratar de revitalizar a un anciano que agoniza, es misión imposible. El PRI, ya hizo su papel de la puesta en escena de: La revolución que nos quedó a deber. Es una verdad de a kilo, que la fundación del PNR, primer antecedente de PRI de aho­ra, tuvo buenos dividendos en aplacar los ánimos belicosos de los revolucionarios confundidos. Han de recordar que las figuras más representativas de la revolu­ción mexicana, después del asesinato de Francisco I Madero, nunca se pusieron de acuerdo. Parece que encontraban im­pulso en la lógica de “Quítate tú, para po­nerme yo”. Los sonorense Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón, jamás tuvieron coincidencias ideológicas con Venustia­no Carranza, así como Carranza nunca vio con buenos ojos la dispersión de los latifundios que proponía Emiliano Zapa­ta y Francisco Villa, para activar el fun­damento de su lucha, de: La tierra es de quien la trabaja. Las razones básicas de estos grandes diferendos, eran el origen de cada uno de estos revolucionarios. La coincidencia de ideales se observa de ma­nera natural entre seres humanos de un mismo linaje. Cuando los priista de aho­ra, reclaman la herencia revolucionaria, deberían en un acto de conciencia, acep­tar que la bandera que enarbolaron para conformar su otrora poderoso partido, le salió cara a México. Después de extinguir­se la plataforma ideológica del partido, se inauguró el robo institucionalizado del patrimonio nacional, se contaminó de corrupción todo el sistema político “pari­do” por el PRI; llegaron los gobernantes más cínicos que haya conocido la historia de México. Esos gobernantes corruptos y cínicos, empezaron a asesinar al partido que fue refugio y puerto seguro de líde­res voraces como, Fidel Velázquez, Joa­quín Hernández Galicia, Carlos Longitud Barrios, Elba Esther Gordillo, Salvador Barragán Camacho, Carlos Romero Des­champs, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa Patrón y una lista interminable de sabandijas nocivas que han puesto de rodillas a nuestra nación.

Este es el partido que se robó los idea­les de la revolución, para ofrecer resulta­dos adversos a esos ideales, precisamente. ¿Qué ironía verdad? A 88 años de distan­cia, el resultado que hay en mano, es: Más desigualdad social, más pobreza extrema, peor corrupción que la del porfiriato y la inseguridad que padece el ciudadano común, no tiene parangón en la historia nacional. ¿Cómo podrían encontrar una posibilidad de salvar al partido con estas cartas credenciales? Quienes enfermaron de muerte al PRI, son los gobernantes que privilegiaron la acumulación de ri­quezas, en vez de luchar por el bienestar de los gobernados. Pero la fase terminal de esta agonía, se encuentra en el pantano putrefacto de la impunidad. Quizá pudie­ra darse un milagro, si se hiciera presente la justicia, encarcelando a los ladrones re­cientes. Ya no es posible llamar a cuentas a los Salinas de Gortari, a los Zedillos, a los que alquilaron el poder un rato, los Fox y los Calderon, pero sabiendo que la gente se conforma con poco, quizá echan­do andar el refrán de “Algo es algo, dijo el diablo” algo ganaría el PRI, metiendo al bote a Humberto Moreira, Rodrigo Me­dina de la Cruz, Fidel Herrera, Egidio To­rre, César Duarte, Javier Duarte, Roberto Borge. Pero dicen los ciudadanos ente­rados de la política, que jamás pisarán la cárcel los gobernantes que son señalados por corruptos. Hay reglas no escritas que impiden que la justicia los alcance. Esa es una de las poderosas razones, por las que el PRI agoniza. Si seguimos sumando causas, la lista parece interminable. El go­bierno que preside el licenciado Enrique Peña Nieto, prácticamente da la puntilla al PRI. Los problemas se amontonan, la economía no crece, los combustibles su­ben de precio, la inseguridad se multipli­ca, hay estados de la república donde la delincuencia organizada tiene el control absoluto, ejemplo: Guerrero, Veracruz, Tamaulipas, Estado de México, por citar los estados que dejan sentir un vacío de poder total. El estado de Quintana Roo, está entrando a las estadísticas que inco­modan y preocupan; es imperativo que el gobierno de Carlos Joaquín, encuentre la fórmula para atajar esta escalada de vio­lencia atípica en Quintana Roo. Por su­puesto que le queda un tramo largo que recorrer y tendrá tiempo para ofrecer un gobierno muy distante y distinto a sus an­tecesores. Porque los ojos y las esperanzas de los quintanarroenses, siguen puestos en la promesa del cambio. Ese cambio debe ser el cobro de facturas al PRI de Quintana Roo, para que no tenga oportu­nidad de recuperarse. Ya es bastante con haber hundido en la pobreza a un estado que por naturaleza debe ser rico. Desde mi punto de vista, no hay nada qué hacer para salvar al moribundo partido.

 

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