Tu Periódico Quequi

Por Prisciliano Nemegyei Rodríguez Cuna de lobos

 

La debacle del PRI

El asesinato de su cuñado José Francisco Ruiz Massieu y la implicación del hermano incómodo.

 

Manuel Bartlett Díaz, artífice del fraude electoral del 88.

 

Los crímenes a perredistas que se fueron en “ni los veo ni los oigo”

 

Por Prisciliano Nemegyei Rodríguez

“No se hagan bolas, el candidato es Luis Donaldo Colosio”, casi desesperado y a gritos expresó el presidente Carlos Salinas a la concurrencia priista en aquel desayuno en Los Pinos. El Revolucionario Institucional se sentía en aprietos, la prensa trabajaba con los reflectores para el comisionado para la Paz, Manuel Camacho, mientras el candidato se sentía a la deriva, faltaba la sustancia de apremiar al abanderado o en su caso “enfermarlo” para dar marcha atrás en la campaña. El ambiente se presentaba atrevido. Las especulaciones llovían en la inconsistencia del abanderado. Y fue en marzo del 94, cuando Colosio marcó límites y definió fronteras con el salinismo en aquel discurso memorable a los pies del monumento a la Revolución Mexicana: Veo un México con sed de justicia….fue la primera frase que penetró por las grandes orejas de Salinas. Luego un silencio sepulcral recorrió al país, hasta detenerse en Lomas Taurinas, en Baja California, donde una bala mortal hiciera estragos en un hombre, que su pecado había sido, decidirse enfrentar a la “nomenclatura” del poder por la vía pacífica, muy tarde entendió el sonorense Colosio, el camino de su paisano siete décadas atrás, sólo el reiterativo populacho siguió jugando con las frases: ¿Quién mató a Obregón? ¡CÁLLESe! La boca ¿Quién mató a Colosio? ¡Está pelón! Este fue el costo de la incertidumbre que tiñó de rojo intenso al PRI, pero también fue el comienzo del fin, que lo ha ido ahogando en su propia maraña de ilegalidad antidemocrática.

La mandíbula constreñida Por la presión en el labio inferior y un nerviosismo que solo denotaba, el sudor en las manos El secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz, dibujó una sonrisa fingida y con todo el cinismo que implica la farsa justifico “técnicamente” la caída del sistema de cómputo en las elecciones del 88 que beneficiaban a Salinas de Gortari, quien más adelante le dio en pago la gubernatura de Puebla. Hoy Manuel Bartlett goza una posición en la izquierda del Partido de Regeneración Nacional (Morena), cercano a Andrés Manuel López Obrador, sin que nadie medie una explicación, a la incongruencia de un artífice de uno de los últimos fraudes que han quedado para la historia. La presunta complicidad de Bartlett, acarrea indudablemente un error o un pecado político a AMLO, en tanto no fije una postura por las circunstancias o una congruencia entre la rectitud que exige y la tolerancia o el “perdón” a otros.

El salinismo se llevó decenas de muertos de los partidos contrarios, sobretodo del Partido de la Revolución Democrática, y cuando le preguntaron al presidente, voces periodísticas, al respecto con un desplante muy a su estilo, pretendiendo sonreír afirmó “ni los veo ni los oigo”. Quizá fue hasta el crimen de su cuñado José Francisco Ruiz Massieu, donde reflexionó ante la estela de sangre en que dejaba al país y veía más cerca del horizonte, la complicidad de su hermano Raúl a quien le pasarían la factura de tal evento en el próximo gobierno.

Salinas lo primero que hizo al asumir la Presidencia fue aliarse con el Partido Acción Nacional, le facilitó la primera gubernatura panista a Ernesto Ruffo Appel en Baja California, entro en franca complicidad con el “jefe” Diego, gran conocedor y defensor de oficio de poderosos caciques y mejor saltarín de puestos en el H. Congreso de la Unión. Recordemos que fue Diego Fernández de Cevallos el que impulsó para que la votación panista y priista mayoritearan para que los votos fieles testigos del fraude del 88 fueran incinerados para destruir la última evidencia de aquel penoso hecho. Son estos los tiempos que celebran la unión en lo que hoy llamamos el “PRIAN”. Mucho se habla y se seguirá hablando de Carlos Salinas de Gortari, y en lo que muchos coinciden ha sido el daño al país, su mente elucubrante pareciera la de una criatura proclive al mal o la marca de un crimen infantil que lo perseguirá toda su vida.

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