SANTIAGO J. SANTAMARÍA. El Bestiario

 

VICENTE FOX; PREPARA TU LANA, PORQUE PAGARÁS POR EL MURO

El candidato republicano, Donald Trump, no acepta la invitación del expresidente de México, quien, sorpresivamente, le invitó a conocer “el otro lado de la frontera”, la atmósfera tóxica engendrada por los republicanos a lo largo de varias décadas, atizando las llamas del miedo, el racismo y la xenofobia, ha creado un monstruo espurio al que es imposible ahora controlar; la lectura de “Frankenstein”, concebida dos siglos atrás en el lúgubre verano de 1816, por una joven llamada Mary Shelley, pudiera ayudar al panista para enfrentar al beligerante billonario y detener su carrera a la Casa Blanca…

Cuando el expresidente de México, Vicente Fox, se refirió al candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, como un “ignorante, egocéntrico y falso profeta” por sus propuestas antiinmigrantes, Trump exigió que Fox se disculpara por los insultos proferidos. Este miércoles fue difundida una entrevista en la que el mexicano admite que debe disculparse por el “lenguaje vulgar” con el que se expresó del estadounidense y lo invitó a conocer México “del otro lado de la frontera”. Por su parte, Donald Trump, no ha aceptado las disculpas de Fox y le ha espetado: “Prepara tu lana, porque pagarás por el muro”.

“Sí, soy suficientemente humilde, como un líder compasivo debe ser. Si lo ofendí, lo lamento, pero ¿qué hay de la otra parte?”, dijo Fox en una entrevista con Breitbart News. El ex gprimer mandatario panista ha expresado con frecuencia su opinión en redes sociales y entrevistas sobre la propuesta de Trump de construir un muro en la frontera México- Estados Unidos para frenar la migración ilegal de latinoamericanos, financiado, según su propuesta, por los mismos mexicanos. “No voy a pagar por ese pinche muro”, respondió Fox, y en ésta reciente entrevista sostuvo su postura y llamó al magnate a buscar otras estrategias que no sean ofensivas para los demás. “No creo que deba atacar a otros, ofender a los otros para obtener su propósito (la presidencia de EU). Hay otras maneras de hacerlo. Yo lo invito a México para que vea de qué se trata”, expresó, aunque apuntó que no cree que Trump vaya a aceptar su propuesta.

En otra entrevista con Bloomberg, Fox Quesada dijo que quienes están ofendidos y preocupados son los mexicanos, por las intenciones antiinmigrantes de Trump, quien recientemente ganó de manera oficial la candidatura del Partido Republicano y competirá en noviembre por la presidencia de EU con la demócrata Hillary Clinton. En este contexto, Vicente Fox urgió al millonario estadounidense a ser más responsable, y le ofreció su asesoría en materia de tratados comerciales y otros asuntos bilaterales, “yo lo puedo convencer de pensar más inteligentemente”.

Los dimes y diretes no cesan entre el ex presidente mexicano Vicente Fox y el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump. La indirecta confrontación pública que han sostenido por la propuesta de Trump de construir un muro en la frontera entre ambos países para evitar la migración ilegal tuvo un nuevo capítulo unas semanas atrás, con un video difundido a través de la asociación “Centro Fox”. En el video, titulado “Trump confrontado por el presidente Vicente Fox”, el mexicano cuestionó las propuestas económicas del magnate estadounidense y dijo que con ellas sólo perderían los ciudadanos de ese país, no los migrantes latinos. “Saber dirigir un negocio no significa tener el liderazgo para dirigir una nación”, dijo quien llegó a la presidencia de México tras haber sido presidente de la división latina de la firma Coca Cola.

Según Fox Quesada, las propuestas de campaña de Trump repiten las políticas del expresidente de EU, Herbert Hoover, en cuyo mandato ocurrió la peor crisis económica de la historia de ese país, conocida como la “Gran Depresión” con limitaciones a la migración y a las importaciones, estaría aislando a su país del comercio internacional y eso los llevaría a una crisis similar, argumentó. Con el alza en los impuestos que pretende imponer, dijo Fox en su mensaje, los artículos que compran los estadounidenses -como un coche- costarían más y, entonces, serían ellos quienes acabarían pagando el muro fronterizo que propone Trump.“¡Yo no voy a pagar ese pinche muro y tú tampoco deberías pagarlo!”, insistió.

Aunque Donald Trump termine derrotado ante la demócrata Hillary Clinton en noviembre, el descontento que expresan sus votantes seguirá presente. Vicente Fox se ha olvidado que estamos ante un “Frankenstein”, producto de una política extremista ultraconservadora desarrollada en el seno de los republicanos estadounidenses durante los últimos años, con movimientos en su seno claramente xenófobos como el “Tea Party”. Entre sus líderes destacaban Sarah Palin y la congresista Michelle Bachmann. Utilizaron el sello del “Tea Party”, en sus carreras políticas, Marco Rubio en Florida, Ryan Paul en Kentucky, o SharronAngle en Nevada. El nombre “Tea Party” hace referencia al movimiento anticolonialista de finales del siglo XVIII llamado Motín del té de Boston o (“Boston Tea Party” en inglés), que protestaba por la aprobación de los impuestos al té sin tener representación en el parlamento británico. Los miembros de las marchas del “Tea Party” han tratado de evocar estas antiguas marchas usando imágenes, consignas y temas de este periodo de la historia estadounidense.

Para explicar los orígenes de la exitosa candidatura del billonario de Nueva York a la presidencia, muchos políticos y expertos han recurrido persistentemente a “Frankenstein”, uno de los mitos vertebrales de la modernidad, la historia de un monstruo colosal que se rebela contra el científico que lo forjó. Estos observadores señalan la atmósfera tóxica engendrada por los republicanos a lo largo de varias décadas, Donald Trump como la encarnación extrema de fuerzas que han atizado las llamas del miedo, el racismo y la xenofobia, un monstruo espurio al que es imposible ahora controlar.

El escritor bonaerense y activista de los derechos humanos, Ariel Dorfman, considera que esta fórmula fácil, esta ecuación que compara a Trump con el monstruo y su partido con el hacedor, por irrefutable que sea, no nos ayuda, sin embargo, a resolver el problema más urgente de cómo enfrentar al beligerante billonario y detener su carrera a la casa Blanca. Es interesante esta reflexión de quien ha enseñado literatura iberoamericana en las universidades de Chile, en la de Ámsterdam, en La Sorbona de París, en la de California, Berkeley y en la de Maryland, y desde 1985 profesor en varios centros de estudios políticos de Estados Unidos, los famosos “Think Tanks”. Para ello, necesitaríamos acudir a la novela “Frankenstein”, concebida hace dos siglos atrás en el lúgubre verano de 1816 por una joven llamada Mary Shelley, una lectura que nos permitiría ir más allá de la simplificación a que su compleja y esclarecida fábula se ha visto reducida por la cultura popular.

Seducidos y condicionados por tantas versiones fílmicas de esta historia, es probable que nos sorprenda que “Frankenstein” sea el nombre, no del monstruo, sino que del genio arrogante que lo diseñó, forzándonos a plantearnos la misma pregunta que rondó a la autora cuando, pasando sus vacaciones en una mansión suiza, junto a Lord Byron y su futuro marido, Percy Bysshe Shelley, ella comenzó a escribir “Frankenstein”: ¿quién es el verdadero monstruo, el engendro deforme que, contra su voluntad, cobra vida, o su creador excesivamente ambicioso?”.

Volver a delinear hoy esa pregunta angustiosa nos permite profundizar en lo que es de veras aterrador en la insurgencia de Trump: el hecho de que legiones de ciudadanos voten a un hombre que se nutre del miedo y se solaza con la tortura y las deportaciones masivas. Sin esas multitudes perturbadas que proyectan sobre él sus incertidumbres, pesadillas y deseos, Trump no existiría. ¿No son los verdaderos monstruos los hombres y mujeres encantados por su carisma y beligerancia, su incesante celebración de la avaricia y el machismo?

La tentación de construir una inmensa muralla en torno a esos contrincantes, alejarlos de nuestra vida y de nuestra vista, es a menudo avasalladora. Con más razón hay que tener cuidado de no imitar a los seguidores de Trump, degradando y demonizándolos como si fuesen una horda invasora y maligna. Es precisamente esta deshumanización del otro que la novela de Mary Shelley critica. Aunque la mayoría de las versiones fílmicas enmudecen al monstruo, en el libro él posee un alma frágil y desesperanzada, capaz de articular su soledad, exigiendo que no lo juzguemos por su exterior deforme. ¿Estoy delirando, siendo demasiado cándido, si sugiero que lo que debemos sentir ante los adherentes de Trump es más bien pena y compasión?

Dejando de lado los violentos e irredimibles fanáticos neonazis que ocupan los márgenes del movimiento, ¿acaso la inmensa mayoría de los que votan a Trump no residen en una desolación existencial que se sintetiza en el epígrafe del “Paraíso Perdido” del inglés John Milton que se cita en la primera página de “Frankenstein”, invocación de Adán al Dios que lo labró: “¿Te solicité que de la oscuridad me promovieses?”. Es posible que sus huestes hayan creado a Trump y alentado su revuelta, pero ¿qué Dios inmisericorde los promovió desde la oscuridad, los hizo sentirse tan desamparados e indefensos, tan rabiosos y agobiados por la crisis económica, que necesitan encumbrar a un demagogo que apela a sus instintos más viles y utiliza la tristeza y la inseguridad ajenas para incrementar su poder?

Aunque Trump termine finalmente derrotado en noviembre por Hillary Clinton, esos ciudadanos confusos van a permanecer vastamente entre nosotros. Constituyen el verdadero desafío. Si la zona más oscura de la historia norteamericana les dio origen, estimulando su anhelo de un “Superman” como Trump que los salvara, tendría que ser entonces la parte más luminosa de esa América la que debería, después de mirarse intensamente en el espejo, responder a la frustración de aquellos iracundos, convencerlos de que dejen de conjurar falsos demonios desde el abismo y empiecen a pelear contra los demonios tanto más tangibles de la guerra, la pobreza, el racismo, la desigualdad de género y el cataclismo ecológico que nos amenaza a todos por igual, los verdaderos terrores y monstruos que únicamente es posible vencer lado a lado.

Solo si hallamos un modo de despojar a esos seguidores de Trump de sus quimeras y su recelo, hallar un modo de que se les incluya en la solución a los dilemas de nuestro tiempo, solo en ese caso podrán tornarse maravillosamente proféticas las últimas palabras de Mary Shelley en su novela, cuando se despide del monstruo y de lo que hay de monstruoso en todos nosotros: “Pronto fue llevado lejos por las olas, y se perdió en la oscuridad y la distancia”.

En este “pozole” quiere comer Vicente Fox. Tiene todas las de perder y perjudicar las nuevas iniciativas diplomáticas protagonizadas desde la Secretaría de Relaciones Exteriores de México. La respuesta positiva de Barack Obama no ha tardado en llegar.Roberta Jacobson llega al puesto de embajadora de Estados Unidos en México con más de una década de experiencia en los asuntos de ambos países y la misión de reactivar una relación bilateral que, en el nivel diplomático, se ha enfriado en los últimos meses.

Vicente Fox debe recordar que los ágapes políticos no son su fuerte. El “comes y te vas” con Fidel Castro, el presidente de Cuba, provocó una congelación de las relaciones entre los dos países vecinos. Después de más de una década, la normalización es una realidad… Esperemos que Vicente se tranquilice y siga desarrollando sus proyectos empresariales, algunos de ellos, relacionados con la producción de marihuana, y no le haga el juego al “·Frankenstein” del partido del elefante, fundado el 20 de marzo de 1854, en la ciudad de Ripon, en el estado de Winsconsin, tras la disolución del Partido Whig. En sus orígenes el Partido Republicano aglutinó a todas las personas blancas del Norte de Estados Unidos que luchaban para abolir la esclavitud de las personas negras en los el Sur. Esta historia nada tiene que ver con Donald Trump.

@SantiGurtubay

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