Santiago j. Santamaría Gurtubay El Bestiario

La “mafia” de Jordi Pujol en Cataluña y Enrique Peña Nieto 

“El Procés de la independencia de España sirvió para respaldar la impunidad del blanqueo de millones de euros en Andorra del expresidente de la Generalitat, de su esposa y sus hijos,la “Sagrada Familia” del nacionalismo catalán, que irá a juicio este 2020. Juan Ramón Collado, el abogado del expresidente de México, aparece en el vórtice del huracán de la corrupción de la banca andorrana. 

Llevo 40 años en el mundo del Periodismo, tras acabar mi licenciatura en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. Paradójicamente nuestra Facultad de Lejona dependía de la Universidad de Barcelona, por órdenes de las autoridades del Ministerio de Educación y Ciencia de la Dictadura de Francisco Franco. Muerto el “Generalísimo” la Transición Democrática de 1978 logró que Euskadi tuviese su autonomía universitaria en el área del Periodismo. Muchas veces siento que no prestamos suficiente atención a las noticias aparentemente “colaterales”, que esconden, sin embargo, a poco que uno se pare a pensar en ellas, claves de asuntos determinantes en la política nacional e internacional. Desde hace años y más en los últimos meses, semanas y días estamos “mareados” con tantas noticias y columnas que nos llegan desde España, relacionadas con el denominado “El Procés” de Catalunya, un proceso de sedición protagonizado por las propias autoridades autonómicas, quienes han dejado a los catalanes sin su bandera tradicional, la senyera, sustituyéndola por la nacionalista estelada, sin Estatuto de Autonomía y sin Constitución Española. Esperemos que ahora no les dé por hacer sus “procés” a los franquistas de toda la vida, a los que sueñan con un paraíso bolivariano, a los que no entienden todavía como desapareció la Unión Soviética…  

Me imagino que los “exiliados” del cava catalán como Codorniú y Freixenet, y los “edulcadores” infantiles de Cola Cao y Nocilla, para salvar la próxima campaña navideña en España y la Unión Europea, con permiso del Covid-19, querrán montar su puesta en escena con sus “golpes de estado” propios para regresar a la “HelpCatalonia”, como si fuera una película del mejor surrealismo “Celtiberia Show” del valenciano Luis García Berlanga o del aragonés Luis Buñuel… Voy a referirme a dos titulares periodísticos sobre Catalunya en catalán y Catalonha, en aranés. El aranés es el glotónimo que recibe la variedad de la lengua occitana hablada en la comarca española del Valle de Arán (Lérida): Los votantes más ricos, con una media de 2.190 euros de ingresos familiares netos, votan a la CUP y “El 25 de mayo de 2014 se convocó en 130 municipios de Cataluña un referéndum sobre diferentes cuestiones sociales, que fue prohibido por la Junta Electoral Central y el Tribunal Supremo porque se solapaba con las elecciones europeas; ese día los Mossosd’Esquadra, enviados por la Generalitat de Artur Mas, paralizaron el referéndum y requisaron urnas, hubo 500 ciudadanos identificados y 10 denunciados por desobediencia”. ¿Adivinan ustedes a qué partido político apoyan los votantes más ricos del espectro social catalán, según un estudio reciente del Centre d’Estudisd’Opinió de la Generalitat? ¿Y a qué partido votan los segundos votantes más ricos? ¿Y los más pobres? Los votantes más ricos, con una media de 2.190 euros de ingresos familiares netos, votan a la CUP -el partido anticapitalista e independentista que sostiene al Gobierno-; los segundos más ricos, con 2.175 euros, a Juntspel Sí -la coalición para la independencia formada por Esquerra Republicana y PdCat, la antigua Convergència-, y los más pobres, con 1.490 euros, al PP (los segundos más pobres votan al PSC-PSOE: 1.682 euros).  

Como todos, estos datos toleran muchas interpretaciones, pero dos de ellas me parecen inapelables. Una: en España, igual que en casi todas partes, son los ricos los que quieren separarse de los pobres, no los pobres los que quieren separarse de los ricos: los ricos catalanes queremos separarnos de los pobres extremeños y andaluces, que no dan golpe y gastan mucho (y no queremos separarnos de los pobres catalanes porque no podemos, al menos de momento); esto es absolutamente natural, aunque sea absolutamente injusto (y si es de izquierdas yo soy arzobispo de Canterbury). Dos: contra lo que se dice a menudo, los votantes de la CUP no son herederos de la vieja y fortísima tradición anarquista catalana: los seguidores de Durruti eran proletarios utópicos, desheredados sin remedio, esclavos en busca de emancipación, y por eso eran peligrosos para el poder; los votantes de la CUP son, con harta frecuencia, gente acomodada, coqueta y volátil, que no está dispuesta a correr ningún riesgo y no representa un peligro real para nadie. Son ‘antisistema’ pero con Seguridad Social de la Unión Europea, con los “delicatesen” de la ‘Izquierda Caviar’. Esa era la primera noticia casi escondida a que aludía. La segunda la recordaba hace poco el señor Antonio Sanz en una carta al director de varios medios españoles que hace años el “padre” de los independentistas del 2017 reprimió una consulta popular sobre diferentes cuestiones sociales, requisando urnas… Para el lector Antonio Sanz, este hecho es la demostración del cinismo del llamado derecho a decidir, “que sólo se aplica a lo que interesa a los dirigentes catalanes (…) Para que la gente exprese su opinión sobre cuestiones sociales, no se pueden poner urnas; pero, para que la clase dirigente catalana tenga un estadito donde lo controlen todo y el 3% de “impuesto independentista” aplicado por el president de Catalunya durante la Transición Democrática Española, Jordi Pujol,a  todo empresario que quisiera llevarse un contrato de su Gobierno autonómico, pueda quedar impune, sí”. A ese cinismo que acompaña a la traición se añade otro, quizá más sangrante, y es que los dirigentes independentistas fingen no saber que la democracia no consiste únicamente en votar, que votar es una condición necesaria pero no suficiente para la democracia, y que un referéndum no es en sí mismo un instrumento democrático: si lo fuera, Adolfo Hitler y Francisco Franco serían demócratas, porque ambos convocaron y ganaron referendos; pero los dirigentes independentistas fingen muy bien esa ignorancia, y de ahí que mucha buena gente crea en Cataluña que un referéndum antidemocrático es el colmo de la democracia. Dos noticias laterales, ya digo, pero, si de lo que se trata es de saber qué pasa en Cataluña, yo las hubiera colocado en primera página. 

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